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17 de marzo de 2009

Y si ella me fuera infiel



Cualquiera de mis ex podría decir que me puso los cuernos. Disculpen la pedantería, pero yo no creo, la verdad. Tengo una estima muy grande por todas las que fueron temporalmente mías, y confío en que nunca me traicionaron. Al menos, nunca me enteré de nada. Además, por respeto a las ex señoritas de Vargas debo decir que sus valores morales-sus pudores- quizás el ¡TERROR! a mi mal genio- les impidió acariciarse con otro cuerpo. Quiero creer que tampoco desearon a otra, pero los deseos casi nunca se confiesan.

Anoche tuve un sueño que me hizo despertar indignada: mi pequeña R. me estaba siendo infiel. La cama que ocupo en este instante es una cama cómoda pero de cualquiera. Es la cama de un hotel en Guadalajara, México, una cama que seguro nunca más me recibirá. Nada más ajeno que una cama de hotel, sobre todo cuando se está completamente sola, sin mujer y sin gata.

Yo confío en R., pero los sueños son sueños, no siempre una los puede controlar y aunque a veces yo tengo el poder de frenar pesadillas o de vivirlas intensamente, lo ocurrido anoche se me fue de las manos, o de la inconsciencia. Suspendí mi sueño cuando R. casi se me perdía bajo el cuerpo de una desconocida, más grande, más fuerte y más alta que yo. 

El insomnio me llevó a preguntar qué haría si la encuentro con otra. ¿No les ha pasado a ustedes?  Al margen de que nuestra chica sea una santa –como la mía-, la vida te pone en circunstancias que a veces te hacen despojarte del jeans. Así que me puse a dar vueltas sobre mis súbitos celos.

Si ella me fuera infiel yo tomaría decisiones drásticas. Lo políticamente correcto es decir que si ella fuera capaz de una traición semejante es porque no vale la pena, y lo mejor es darse la vuelta y adiós. Pues sí, eso sería lo más sano. Yo no soy muy sana mentalmente, ya me han dicho vari@s personitas por allí. Así que yo, querid@s, correría a mirar el vacío desde la ventana de mi depa, tomaría aire y luego correría a ponerme mi mejor look en busca de un cariño consolador. En otras épocas yo he buscado cariño consolador cuando ni siquiera me eran infiel, pero en un caso semejante les juro que iría por una caricia buena, algo que alivie mi rabia, y mi nefasto deseo de venganza.

Pero quizás algo me detenga: no se trata de mis valores morales, tampoco de mi pudor… Se trata de pereza, pereza de complicarme en segundos con una desconocida, a la que posiblemente me pegue desesperadamente. Ya saben que yo soy del clan de las despechadas.

Sin embargo, lo más seguro es que me meta a mi cama –la mía- y me disponga a dormir y a dormir, con las lágrimas ahogadas entre la almohada y mi cara. Dormir hasta no poder abrir los ojos es una buena receta para empezar de cero. Al despertar, seguro, ya no tendré fuerzas para chillar. Entonces, me habré resignado a dejarla ir, porque yo perdono todo menos los cuernos, y R. lo sabe bien. Que no lo tome como amenaza. Al contrario, es una reafirmación de lo que soy y de lo que siento, así algunos clamen perdón y lo tomen como desliz. Yo sé lo que es un desliz, y lo gozado nada lo quita, así que mejor no contemplar el perdón.


Antes de publicar este post le pasé a R. mi texto. Y ella, como de costumbre, fue letal:

-Yo destrozo tu casa y me voy.

De solo imaginar mis incontables adornos de gatos y gatos rotos y hecho polvo me abrazo a mi almohada y tomo dos decisiones trascendentales, de mujer madura.

  • Portarme como una santa.
  • Controlar mis bajos deseos.

R. me haces falta.