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14 de enero de 2009

Vagina-clítoris


 

1
¿Cómo hacen el amor las lesbianas? –preguntó mi papá, mientras fijaba la mirada en el vino tinto. 
Días atrás mi mamá se lo había dicho: "Es lesbiana". Pero mi mamá no había sido rotunda, parece que luego rectificó y al final habría soltado algo así como "que te lo diga ella, ella sabrá". 
Con esa frialdad matemática que a veces -solo a veces- me domina, yo lo miré a los ojos y le pedí que prestara atención. "Ya lo sé, no me lo cuentes", exclamó él, para luego agregar: "He visto pornos". La frialdad matemática ya me había abandonado. Y estaba con ganas de decir alguna tontería para quitarle a mi padre esa cara contrariada. Quise alzar la voz y soltar algo como "Papá, no soy lesbiana. Soy una actriz porno, profesional".
Eso ocurrió hace como ocho años. 
  
2

Mi primer y único gran novio-prometido-futuro marido me buscó mucho tiempo después de la ruptura. Quería explicaciones. Con el alma de ángel que siempre tuvo me repitió varias veces que no me juzgaba, que yo siempre me había portado con él "bien mujercita", por eso le incomodaban los chismes del barrio. Él y yo ya no estábamos hace varios años, pero alguien me contó que en más de una ocasión había repartido trompadas al escuchar que algún imbécil se refería a mí como "la machona". Odiaba esa palabra, yo sabía que él la odiaba, y razones ahora le sobraban.

-¿Eres como mi tía entonces?- dijo. Exacto. Yo era como su tía.
-Soy como tu tía.

Y luego siguió:

-¿Cómo hacen con la penetración?-soltó. Y yo me metí un dedo a la boca, y luego el otro.

-¿También usarán algo especial?-interrogó, y sus ojos buscaban en mi sala algún objeto aparente. En esos tiempos yo no tenía mi Egg Vibration, tampoco a mi ex Max, un juguetito verde.

No respondí nada, y él ya no esperaba más. Mi gata lo miraba, con esa cara de malvada que a veces pone. 

-Vendrá mi novia, mejor hablamos mañana.

En su mirada advertí la desolación de la lástima. Pero no era lástima hacia mí. Sentí que la lástima era hacia él, sentí que estaba castigándose, preguntándose quizás qué no hizo bien…

Él y yo nos abrazamos muy fuerte,  mientras yo le susurraba que fue el mejor hombre del mundo, un gran amante, y que en la cama me había hecho muy feliz… Yo no mentía.  Intenté desearlo, porque pese a todo él me seguía deseando. 
Pero esa etapa había terminado, y a una mujer los finales se le hacen evidente sin anestesia en interrogantes que no necesitan respuestas:  ¿Ya no te mojas como antes?  

3

Una ex alumna me preguntó hace unos días por qué en este blog no mencionaba nada de mi amor y gusto por las vaginas/clítoris. Yo me estaba perdiendo de contar algo íntimo, pero fundamental en la elección-decisión de ser lesbiana.  Muchos dirán que el sexo y que exactamente la vagina y el clítoris no son relevantes a la hora de entregarte a una mujer siendo bien mujercita. 

Y yo discrepo, pero advierto que estoy hablando de mis experiencias, y de la de algunas mujeres que conozco, ya sea porque las he tenido (arriba, abajo o de costado) o porque me han confiado sus intimidades.  

Me quedo con una vagina porque me cautiva su humedad y su rebuscada profundidad. Una vagina es un mar inacabable que me revela el deseo, que me confirma el placer y que me aprisiona, mientras yo navego con mis manos o con mi lengua, a las cuales domino en la ruta hacia el orgasmo. Mis manos y mi lengua le piden permiso a mi cerebro para desplazarse. El pene irrumpe solo, atado a un cuerpo que es un todo, que es más errático que los pedazos de mí que buscan el goce en una boca tan generosa como es mi boca.

No odio los penes. Me parecen una herramienta respetable en estado de erección. Me parecen potentes, fuertes y enérgicos hasta que pierden su poderío, y entonces debes mirarlos en su plena debilidad, debilidad flácida y triste que es su apariencia hasta que una mano, un culo, una imagen, un recuerdo o un sueño le recuerda que es hora de levantarse, e ingresar. Una vagina es naturalmente húmeda, y abierta, lo que no significa necesariamente ‘pasa, adelante’.

Creo en el multiorgasmo, y sé lo que son dos mujeres en multiorgasmo, dos cuerpos cayendo al vacío para atarse en un beso, o en un abrazo, o en un apretón de manos, o en una prolongada fricción de pubis, vaginas.

No me pregunten si los orgamos de las lesbianas son vaginales o clitorianos. Hay quienes tenemos de los dos, y hay quienes se quedan con uno. Un clítoris latiendo, en mi boca o entre mis dedos, ha sido la mejor experiencia sexual de mi vida. Un pene en mi boca ha llegado a asfixiarme.


Y después del sexo, yo duermo sobre un cuerpo frágil, ondeado, cálido. Yo miro dos pechos, los acaricio, y los veo despertar, otra vez. Yo recorro y me reencuentro con el mar, traicionero también.

29 de mayo de 2008

Soy lesbiana... ¿O qué?


Ella y yo estamos sentadas en esquinas diferentes de un mismo ambiente. Es domingo, un domingo especialmente frío. Llevo medias puestas, cosa rara.
Ella, recostada en el mueble, mirando la pantalla de la tele, esperando que comience el último capítulo de Capadocia. Yo, delante de su computadora, leyendo el blog de alguien que no conozco, pero que encuentro muy familiar.
Días antes se me había ocurrido soltar una clásica imprudencia, tan típica, tan torpe o de repente tan mal dicha.
El sexo es más efectivo que el psicólogo, será mejor que la dieta, más
decisivo que los aeróbicos.

-Piensas como los hombres- dijo, enojada.
Y agregó:
-¿Eres lesbiana o qué?-insistió.

Comencé a pensar. Si no soy lesbiana, ¿qué E.T. soy? ¿Soy un Objeto Vulnerable No Conforme? ¿Soy una Obsesiva Venosa No Comestible? Qué diablos soy. Me gustan las definiciones, pero no encuentro una para mí. Es más sencillo decir que soy como Vodka, mi gata, esa que todas las mañanas me mira sin ganas, coloca su pata derecha sobre mi nariz, putea al mundo entero, y se dispone a vivir el día, aburrida y en cámara lenta, hasta que el café (Whiskas) cumple su objetivo resucitador, acondicionador con la dura realidad que es un día cualquiera, en una ciudad como Lima.


Ella y yo nos acercamos esa tarde. Yo me saqué las medias, porque Gabo dice que hacer el amor con medias da mala suerte. Quizás por el frío, quizás porque era domingo, quizás porque yo estaba escribiendo mi columna sobre el sexo oral, quizás porque necesitaba meter mi cabeza entre sus brazos… Quizás simplemente nos acercamos porque nuestros cuerpos reclamaban calor. Varias horas después, ella y yo nos reíamos, mis ojeras se habían borrado, mi cabello se había peinado, mis ojos brillaban y los suyos también.
Era el efecto medicinal del sexo.
¿Pienso como hombre? ¿Soy E.T.? ¿Soy un OVNI? Soy lesbiana… ¿O qué?