
La tormenta y el escándalo ya pasaron. Me sigo despertando los lunes, los martes y los jueves poco antes de las seis de la mañana para ir a la universidad. Tomo la combi, como de costumbre. Nada ha cambiado. Me parece que algunos intentan preguntarme algo. Otros, los pocos, piensan -lo adivino- que me he afeitado los bigotes y la barba, o que guardo en mis pantalones un pene de plástico. Qué se le va a hacer. Es tan difusa y retorcida la idea que tienen de una lesbiana que solo me queda sentir un poquito de lástima. No me interesa.
Ya leí todos los insultos de los foros. Me llena de ira ser parte de una estúpida sociedad. Es tan fácil juzgar. Ellos que dejan hijos sin padre, que tienen dos mujeres (y a ninguna de las dos complacen), que pegan a sus parejas, que no pasan pensión de alimentos, que abusan del más débil... Ellos son los que me juzgan. Qué gracia y qué rabia. No diré que el Perú es una mierda, aunque a veces lo comienzo a creer. Podría irme, pero me quedo, porque hasta en vacaciones extraño sus calles caóticas y su hedor.
Ni modo. Soportar.
Ya no soy invisible. Una noticia con morbo jamás pasará inadvertida. Y mi noticia tenía morbo, porque el sexo siempre lo tiene en un país pacato. Sabía lo que pasaría.
Cierta vez escribí una columna. Se llamaba LAS MUJERES INVISIBLES. Lo hice pensando en todas esas chicas que vivían y quizás morirían dentro del clóset. Ahora que no soy parte de este grupo -nunca lo fui- y que soy demasiado VISIBLE me pregunto si la vida será igual.
En estos primeros días después del escándalo han pasados cosas buenas. Hombres y mujeres a los que no conocía de nada se me han acercado para decirme que estuvo muy bien no callar. Me han contado sus historias desesperadas y me han abrazado. Chicos que nunca enseñé se me han acercado en el patio de la Universidad para darme su apoyo. Un empleado de limpieza de la San Martín me ha saludado como nunca lo había hecho antes. Colegas con los que nunca hablé se han aproximado para decirme que quizás alguna vez debieron de ser valientes como yo, que siga adelante. En estos días todos me preguntan si la señora Cho me ha buscado para jalarme las orejas o para decirme -en mi cara- que fue un malentendido. (JA). No, señores, ninguna autoridad me ha buscado. Cuando quiero entender la posición de la San Martín simplemente escucho el audio de la entrevista tardía y servida que concedió Cho a su amigo Chema, el curtido periodista que advirtió lo inconveniente de ser gay y tener un blog No me siento heroína de nada, como alguien lo sugirió. Tampoco soy una víctima.
Simplemente la verdad no me asusta.
La comunidad lesbiana ahora me conoce más. Ya he dicho que nunca milité en nada. Muchos me creían heterosexual. Muy bien, no me molesta. Al contrario, a veces creo que estaba en el clóset o que le importaba a tan poca gente que mi vida prácticamente transcurría en el clóset del anonimato.
No soy muy sociable. Hablo cuando tengo que hablar. Si pudiera estar en silencio o hablando solo con los que quiero sería más feliz. Lo que no puedo dejar de hacer es escribir. Escribo desesperadamente. No miro el teclado. Escribo y escribo. Hasta que siento que las palabras se me agotaron. Entonces fumo, acaricio a mis gatas y busco a mi pareja. Tan sencillo. Tan heterosexual (Ja).
Cuando ya no eres invisible tu vida se trastoca un poquito. Este blog, por ejemplo, tenía muy pocas visitas: mi pareja y cinco o seis ex alumnos. Por allí algún desconocido, pero nada más.
Ahora tengo que cuidarme hasta de escribir. No vaya a ser tomado como una afrenta o un despiadado descaro para los señorones de la radio. Es fácil decir que no me importa, pero me importa. No quiero ir de escándalo en escándalo.
Quisiera recuperar mi anonimato. Pensé en desaparecer este blog y escribir en mi PC únicamente para mí. Lo estoy pensando.
Cierta rata aprovechó mis post para insultar a mi presunta pareja en foros, donde los moderadores no existen o se van a almorzar sin preocuparse de que se filtren comentarios difamatorios. Se colocó el nombre y hasta la dirección de mi supuesta pareja, y se tomaron datos de estas bitácoras para sacar conclusiones absurdas. Una de ellas: ir al psicólogo es estar loca. Gran estupidez de la señora rata.
Es tan fácil insultar al resto en Internet. Yo me pregunto si puedo colocar comentarios como estos en el FORO de RPP o PERÚ.COM : "El señor X (con nombre y apellido), domicilado en X (dirección exacta) ha violado a un chico de 15 años. Tiene Sida y nadie lo sabe". Y hago mención al SIDA porque eso se comentó: Lesbiana = Sida. O quizás este: "El conductor del programa X (nombre exacto) trabaja para X (nombre exacto), por lo que acomoda las noticias a su antojo".
¿Vale? Pues Internet es un cajón sin fondo, donde cualquier cosa puede pasar. Por eso, mi próxima columna gira en torno a la maldición de You Tube en manos de ciertos desadaptados.
Ahora que ya ni me apellido VARGAS sino LESBIANA, porque así me llaman algunos, comenzando desde el presidente que no dijo la señorita o señora Vargas sino la SEÑORA LESBIANA, puedo decir que todo este barullo me dejó agotada y sin ánimos. Pero ya pasó. Ahora me alisto para ser extra visible (no hay remedio) y tolerar lo que venga, incluyendo una batería de insultos.
Cuando ya no eres invisible la vida es más pesada. Lo sé. Qué importa. Amor me sobra. No soy tan débil como lo creía.
PD: La congresista Luciana León -admirada y deseada por hombres y mujeres- me ha escrito una carta de apoyo. Manolo Forno, a quien siempre seguí en sus tiempos de activista gay, también me ha escrito; al igual que Manuela Ramos, y muchos otros, entre ellos mi ex jefe y el gran Fernando Vivas. Pero lo mejorcito de todo es que he sido invitada a la FUNCIÓN DE GALA de la Quinta Edición del Festival de Cine Gay, Lésbico, Trans de Lima. Es mi primera vez. Estoy emocionada. Nunca me habían invitado a ninguna parte. (Gracias Regina). Allí estaré este lunes.