31 de enero de 2007

Cuánto es lo normal

¿Qué es ser un adicto al sexo? ¿Cuántas veces debes querer para que se te considere un adicto (a)? Dicen los expertos que lo normal es cuando los dos se sienten cómodos, así sea toda la noche y lo que queda del día. Cierta vez, en aquella casa de Chorrillos de Huaylas, pasé demasiadas horas entre la sala y mi habitación haciendo el amor como una verdadera adicta. Recuerdo la silla amarilla, dando tumbos de un lado a otro. Recuerdo aquel sofá moviéndose por toda la sala. Me recuerdo incansable. No había tomado Red Bull, pero recuerdo que nunca me di cuenta del momento en que amaneció. Ni siquiera me percaté de la hora del almuerzo. Cuando mi acompañante dijo: "un cevichito" caí en la cuenta de que no había dormido. Ella decía que yo era una golosa. El amor me movía, el amor me daba fuerzas, qué mejor energizante que el amor.

Otra noche, otro acompañante.

Era imposible tolerar su cuerpo sin tocarlo. Las ganas ahogan y liberan. Esa noche, yo me liberé y me ahogué con su cuerpo de mujer completa. No fueron tantas horas como en Chorrillos, la cama no bailó sola, pero la ternura se impuso. Y en medio de esa especie de paraíso yo dije te amo por primera vez. Lo sentí allí abajo. Dice una terapeuta que el primer te amo, en medio del acto sexual, te sale de la vagina. Pues eso ocurrió.
Desde entonces, he ido pensando con mi vagina. Así como muchos hombres piensan con el pene, yo -en el amor-pongo mi cerebro entre las piernas. Casi siempre. Recuerdo que aquella vez ella no dijo te amo. Dijo te quiero, dijo que se estaba enamorando, que faltaba poco, que estaba camino a eso. BAH!


Otra noche, sola.

Nunca fui una adicta. Solamente fui una apasionada.
El amor fue mi combustible, mi enfermedad.

En tu cama, y en la mía

Estoy en mi cama pensando. Imagino tu mirada triste y deseo abrazarte, y recuperar las horas perdidas, el tiempo que nos debemos, que nos robamos, el sexo que nos merecemos. Tu voz me duele, tu tristeza me arrincona. Las ganas no se detienen, a veces. El deseo persiste. Yo en tu cama, tú en la mía. Yo pensando, tú deseando. Yo sonrío, y tú lloras, yo lloro y tú sonríes.
No es la primera vez que estoy en este limbo. Me conozco la historia de memoria. Nada peor puede pasarme.

30 de enero de 2007

Nosotras que nos queremos tanto

La pasión se esfuma. A mi me duró casi diez años. Moría por tocar su cuerpo, porque sus manos me rozaran. Podía cruzar Lima entera, en una combi, de madrugada, bajo amenaza de que los pirañitas me destrocen por ir a su encuentro y sentirme su mujer, como siempre. En ese entonces, quizás, mi falta de experiencia y me exceso de entusiasmo hizo que me complaciera con poco. Hoy, a los 32, veo el sexo de otra manera, aunque debo confesar que una nube negra va conmigo de aquí par allá.
Un estudio reciente da cuenta de que la pasión persiste entre uno y tres años. A mi me duró casi diez. "El amor está asociado con la presencia de dopamina, un neurotransmisor cerebral asociado con la motricidad, las emociones y los sentimientos de placer. Quienes deseen una pareja duradera deberán compartir actividades interesantes, ingeniosas y excitantes", explica a Clarín de Argentina la antropóloga estadounidense Helen Fisher.
Y es cierto. Durante casi diez años la seguridad de tenerla pendía de un hilo. Hacía cosas interesantes, ingeniosas y excitantes para tenerla a mi lado. Las hice durante casi diez años. Cuando la tuve a mi lado, durmiendo como ahora, la pasión se fue por un tubo negro.
"En el amor pasional nos obsesionamos por nuestro amado y estamos en éxtasis. Es un estado que no podemos controlar", afirma Fisher,
La pasión es un estado de fiebre. Pasa y se acaba, y se lleva el amor, hasta ese amor que parecía indestructible. Arrasa con las ganas.
¿Qué es lo que queda? En mis sucesivos insomnios he llegado a la conclusión certera que lo que queda en esta cama es compañerismo, confianza, seguridad, respeto ( a mi manera, yo sé como), solidaridad. La miro dormir, con sus piernas ahora bronceadas, un short verde limón, y un polito de tiras gris y pienso que esa mujer, que aún me gusta, ha sido mi mujer siempre. Hace un puchero al dormir, como si protestara constantemente contra mis impertinencias, y no puedo evitar sentir que allí está buena parte de mi vida.
¿Hacia dónde te lleva un nuevo amor? Salto al vacío. Llamémosle cobardía. Sí pues. Si la pasión, como dice Fisher, se acaba entre uno y tres años, yo me pregunto para qué darme el gusto de uno o tres año de pasión, cuando al final también se me irá todo por el tubo.
Posiblemente, este sea mi lugar. Asomo a la ventana. Los cerros no me dejan verte. Me duele el alma. ¿Por qué es tan difícil decidir?

20 de enero de 2007

íntimo

Y ahora solo me quedan las ganas de volver a pecar. Cuando se toca el cielo no hay forma de no intentarlo otra vez, y otra vez. ¿Hasta cuándo debo esperar?
Yo que tenía una visión tan pesimista de todo. Hoy he decidido ser feliz con los pequeños momentos que me permite la vida. He vuelto a sentir.

17 de enero de 2007

msn

(encontré este relato. Desconozco quien lo escribió, pero se me ocurre compartirlo).

msn

Cuando menos lo imaginó, sus ojos estaban fijos en un icono hacia el lado inferior derecho de la computadora. Cada vez que se producía el incesante parpadeo, el corazón le brincaba, como en aquellos viejos tiempos se lo había causado una sonrisa o una mirada. Ahora todo se reducía a una sesión abierta, a un nick, a un icono, a un guiño, a una frase corta de puntos suspensivos, a una expresión de cinco caracteres.
¿Qué pasa por la cabeza de una persona aparentemente normal para que su ilusión esté condensada en una pantalla de PC? Se lo preguntaba en silencio, mientras tecleaba un tímido hola, con el riesgo de no hallar respuesta, porque ella –la señorita de la frase larga como nick–, no siempre estaba conectada. ¿Conectada? En el idioma virtual del msn, ese sistema de conversación en tiempo real, estar enchufada es ESTAR, existir, tener vida. Pero eso no es suficiente, no basta con que ella se conecte, ella tiene que decirte hola, o responder tu hola, y dar muestras de querer hablar, es decir, teclear como tú, al mismo ritmo, sin que la diferencia de minutos entre un mensaje y otro se extienda hasta transformarse en 15 minutos, en 20 minutos. Lo peor es cuando, al lado de su nick aparece ‘no disponible’, ‘ausente’, ‘vuelvo enseguida’ o el peor, el más letal del día: ‘no conectado’.
Se convirtió en una adicción. El msn y ella se transformaron en adicción, adicción de las buenas, porque –de pronto–tenía casi siempre una sonrisa en el rostro. Se le veía silencioso, pero alegre, sin la habitual cara de ogro que tanto odiaban sus redactores. Ellos murmuraban y se burlaban. Él lo sabía, pero nada le importaba más que aquel ícono. Guardaba en el disco duro de su cabeza, la imagen de ella. Sin embargo, no habían hablado tanto como todo lo que se habían escrito, por eso recordaba más las palabras cortas, los llamados ‘iconos gestuales’–esas caritas que reían, lloraban, se amargaban, se entristecían– que su rostro y su voz. Hasta en sus sueños, veía letras e iconos. El beso que ella le dio en sueños no era húmedo sino rojo, sonoro y capaz de sacudir la pantalla de la PC. Él imaginaba un beso de esos, a pesar de que ella jamás se lo envió, pero que otra sí lo hizo, y que le permitió descubrir que los besos en el msn tenían la realidad de un dibujo animado.
Fue hacia finales de abril. En su lista de treinta contactos, hablaba solo con unas pocas. Palabras más, palabras menos, ninguna había capturado su atención, tanto que en cualquier momento iba a la bandeja y buscaba el ‘no conectado’ para ir a fumar, a tomar café, a dar una vuelta. Hacia fines de mayo, cada vez que ella estaba ‘conectada’, él no podía moverse de la computadora. La sensación era indescriptible, sin antecedentes en su accidentada existencia en la que las computadoras jamás tuvieron un lugar importante. Su PC siempre tuvo la única y boba utilidad de servir como máquina de escribir. Cualquier proceso más complejo estaba fuera de su alcance, y a años de luz de propiciar algún sentimiento. Esta vez, no entendía por qué, sentía que la luminosidad de la pantalla tenía conexión directa con su magullado corazón. En vano se había preguntado por qué. En el mundo virtual, como en el real, los trajines del corazón no tienen explicación. En el mundo virtual, como en el real, la angustia del amor le generaba un vacío a la altura del estómago, como si alguien quisiera partirlo por la mitad, como si alguien le hubiera clavado un certero puñal allí donde siempre. Todo esto lo pensaba, mientras contemplaba la ventanita, a la espera de alguna frase que le permita seguir indagando.
Le dijo un amigo que las relaciones interpersonales estaban tan deterioradas que, ahora, enamorarse virtualmente era no solo lo más in sino también lo más cuerdo, en un mundo que ya andaba de cabeza. Cruzar la frontera que divide lo virtual y lo real es solo cuestión de tiempo y de decisión, pero también de suerte. Puede ser que tu chica sea barbuda y calva. Puede ser que tu chica sea una abrumadora combinación de Barbie y Britney Spears. Puede ser que su conversación oral solo se reduzca a monosílabos y a gestos sensuales, esos que atraparían al común de los hombres que solo busca un cuerpo para descargar la furia, o un icono para matar el tiempo. Él quería algo serio. Lo que podría parecer poco cuerdo es compartido por miles de peruanos que en estos momentos, tienen las yemas rojas de tanto darle al teclado.
En el mundo de Internet, el amor puede ser un espejismo. Amas al pelado con barba, pensando que es la mujer más dulce y bella del mundo. No sabes cómo es el terreno que pisas, pero te alucinas que pisas firme, como para dejar huellas sobre el cemento fresco. Y no resbalas, aunque sea arena movediza. Solo te darás cuenta cuando hayas hundido medio cuerpo. Entonces, como en el mundo real, habrá poco que hacer, solo sacar la cabeza para no morir en el intento de un amor sin futuro.
Lo real y lo virtual se parecen. Lo real puede ser catastrófico a primera vista. Lo virtual puede ser catastrófico al primer click. Lo dice por experiencia. Ningún contacto sobrevivió si llenó la ventanita del msn con íconos gigantes, al preguntar: "¿ kien eres? ¿Akaso te conozko?". Esas k sin lugar en las palabras lo exasperaban tanto que lo recomendable para no ser grosero, era simplemente ‘eliminar el Kontacto’.
Ella sabía construir frases interesantes. Volarse los acentos puede ser –para él– un pecado en una carta impresa, pero no en un mensaje de Internet. Ella, algunas veces, se comía las tildes, pero sus frases eran limpias sin horrores ortográficos. Eso, a primera impresión, lo cautivó. Aunque parezca lo más bobo del mundo, esas pequeñas señales le hicieron saber que chatear con ella sería algo diferente. No se equivocó.

Un vibrador!!!!

Dice una amiga que su mejor amante es su vibrador. Siempre la complace, nunca se queja, es recontra económico (La única inversión se dio el día de su adquisición), y ni siquiera exige que se le engreía (claro, cámbiale la pila): no hay que comprarle regalitos, no hay que mandarle postales cursis, no hay que mentirle amor.
He conocido tres vibradores de cerca. Y aunque no soy pudorosa ni prejuiciosa casi estoy convencida de que los plásticos y yo no tenemos buena química. Aunque debo confesar que hace algunos meses atrás cuando visité un sex shop de Miraflores quedé gratamente intrigada con los productos que allí ofrecían. Había un aparatito que te garantizaba orgasmos gracias a su especial capacidad para sacudirte el clítoris como nadie. Desde entonces, no he dejado de pensar en él.
Les recomiendo dar una vuelta por http://www.dealcoba.com
Además, si tu vibrador duerme contigo jamás sentirás la presión de decirle buenos días. Será sexo, puro sexo.

16 de enero de 2007

Sexo sí, sexo no

Hoy desperté con la sensación de que se puede vivir sin sexo. Qué pesimismo, no entendía cómo podría escribir una columna semanal con tremenda resolución entre mis piernas. Pensaba que los teóricos suelen hacerla linda en este y en casi todos los países del mundo, que debía profundizar en la teoría y dejar la acción para los otros, para los felices y radiantes.
Luego pensé que podía ser una buena vouyerista, con lo que ello implica: excitarme mirando.
Bueno, creo que en eso estoy. Esta es la etapa que quiero en mi vida. Cierra todas las puertas, porque comenzaré a mirarlo todo para saciar mis ganas. Tápate porque te estoy mirando. Soy capaz de robarte el bikini con los ojos, de despojarte de esa minifalda, de arrancarte esa blusa escotada. Me basta mirarte.

12 de enero de 2007

Volverte a amar

http://www.youtube.com/watch?v=blnw-4SES8w&mode=related&search=

La niña mala de Vargas Llosa

Hace unos días, mientras pasaba mis vacaciones en Ambo, Huánuco, culminé la lectura de Las travesuras de la niña mala, de Vargas Llosa. Es uno de mis escritores favoritos. Me sorprendió la temática de su novela, pues Vargas Llosa no se mueve exactamente como pez en el agua en lo que concierne al amor y al sexo. Sin embargo, nuestro primer escritor -como siempre- deja como siempre una historia para recordar. Así, Ricardito y su tortura -esa niña mala que pasa de chilenita en Miraflores, a guerrillera en Cuba, a esposa de un funcionario de la embajada de Francia, a esclava de un jefe de la yacuza y a amante de un viejo rico- nos muestran hasta qué punto el amor puede ser impredecible y destructivo. ¿Por dónde te lleva el amor, el deseo, la ilusión? Durante más de cuarenta años, toda una vida, Ricardito ama y desea a una mujer que solo hacia el final de su vida entiende que su mejor y único refugio es él, su eterno enamorado, el don nadie por el que jamás dio nada, pues nada tenía para darle.
Ricardito amaba las miserias que ella le daba. En la cama ella nunca fue apasionada ni cariñosa. Disfrutaba (así lo parecía) del sexo oral. Ricardito se la pasaba allí hasta que ella estallara de placer. Verla feliz, en el breve orgasmo, era el único premio que recibía por tanta espera, tanto desamor, tanta burla.
¿Quién no ha tenido una niña mala en su vida? Los que saben de lo que hablo podrían decir que solo por una niña mala se siente verdadero amor. Yo pienso que las niñas malas como las buenas inspiran, pero nada mejor que una niña mala para hacernos el corazón pedazos.

Contra el tráfico

http://www.peru21.com/P21Impreso/html/imP2SobreSexoIndex.html

5 de enero de 2007

Perdiste un amante

A veces se piensa que es posible mantener una relación clandestina. Se cree que a escondidas todo funcionará mejor, que será más intensa, que la emoción te hará cada segundo del día más feliz. Mentira. O, por lo menos, eso me pasó a mi.
La angustia por el amante insatisfecho crece a medida que pasan los días. Estás en blanco, sin saber qué hacer, atada de manos, ideando formas para huir de la cárcel que es tu otra vida, la bonita, la rosa.
Cuando te das cuenta de que es imposible complacer a quien te espera, cuando ya te cansaste de llorar, sabiendo que no te puedes soltar de la cuerda, lo que sigue será igual de doloroso, pero a la larga más práctico: perder a tu amante.
Desde esa noche que lo decidiste, te has prometido no afligirte más, asumir que te dejó y convencerte de que tu egoísmo es tan grande que no permitirías que mientras te espere vea y se refugie en alguien que sí puede darle su tiempo y hasta sus ganas. Decides perderlo, aun sabiendo lo que te costará. Decides al mismo tiempo ser feliz, y convencerte a cada instante que esa persona ya tiene un amor. Ahora es el momento de volver a empezar, ahora sí.
En el fondo sabías que su espera, su sacrificio, su aguante sería diminuto. Ahora te toca aceptar que nunca fue lo que dijo ser.