31 de diciembre de 2008

Vota por el blog gay-lésbico peruano

1. Este blog no participa, porque el concurso lo organiza Perú.21, diario donde trabajo y no sería ético ser parte.

2. Hay muchos blogs peruanos dedicados a la temática gay-lésbica que merecen participar y ganar. Perú.21 está buscando los mejores blogs del año, y ha incluido la categoría gay-lésbico, lo cual me parece una importante iniciativa para nuestra comunidad.

Voten ya AQUÍ. Hay plazo hasta el 3 de enero.

27 de diciembre de 2008

Bye 2008



Faltan algunos días para que se acabe. Este año fue malo, sin duda. En términos sentimentales fue muy malo, pero no solo hablo de mujeres, o de mi mujer, o de mis ex mujeres. Fue malo por todos los flancos. No sé cuál sea el tamaño de mi resistencia, pero aquí estoy.


Enero:

Dos malas amistades se fueron al tacho. Luego de la cólera, como siempre, llega la pena. ¿Acaso no debí ser tan drástica? Casi un año después pienso que aquella decisión fue la correcta. Hay que liberarse de cierta mierda, de vez en cuando.

Febrero

Viajé con mi pareja y mi ex pareja (la dulce y oriental) a San Andrés, Colombia. Discutí con mi pareja, pero le enseñé a bucear y mirar pecesitos de colores. Regresamos molestas a Lima city.

Marzo:


Me roban a mi mejor amiga, mi ex, la dulce y oriental. El amor me la robó. Ella está bien, yo estoy contenta. Ella sigue cuidando a mis cuatro gatas cada vez que desaparezco de Lima por placer o por trabajo. Si ella necesita algo yo estoy allí. Es amistad en su grado más absoluto de tolerancia.

Abril:

La ilustre Universidad San Martín de Porres me tira un portazo en la cara, un portazo que no termina de romperme la cara: dos profesoras me llaman para pedirme la renuncia. ¿Qué hice? Era lesbiana, tenía un blog (este blog), uno de periodismo (el otro), y una página de sexo.

Mayo:

Día de la Madre. Mi ex pareja no permite que vea a su hijo, a quien todavía considero casi mi hijo. Lloro, pienso que no vale encariñarse con nadie.

Junio:

Terminó mi contrato con la San Martín. Fue un alivio dejar la universidad, luego de más de dos meses de dictar clases en una casa de estudios, donde los directivos jamás tuvieron la decencia de pedir disculpas o de largarme por mentirosa. Lo peor fue dejar de ver a mis alumnos. Felizmente, los tengo en el Facebook, en mis blogs y en el MSN.

Julio:

Viaje de aniversario #2 a Buenos Aires. Fotos preciosas y peleas en el hotel.
Escaso apetito sexual.

Agosto:

Me siento triste, muy triste. La tristeza no siempre tiene explicación.

Setiembre

Aumenta mi apetito sexual, pero ella y yo peleamos más que nunca. Me voy a Bogotá, me porto como una monjita, y regreso para seguir discutiendo. Ella y yo no somos compatibles, pero no podemos despegarnos.

Octubre


Intensos y devastadores dolores me aquejan. Recuerdo a todas las enfermeras que han pasado por mi vida, y visito dos veces la unidad de Emergencias de dos clínicas. Me diagnostican: estrés, algún problema en el hígado, gastritis… El dolor persiste. Una bruja dice que me queda larga vida. Le creo.


Noviembre

Augusto Álvarez Rodrich dice adiós a Perú.21. La historia, por lo menos, en el Perú se conoce de sobra. Más allá de nuestras fronteras debo decir que AAR fue el director del diario donde trabajo hace más de seis años. Su partida me duele.

Diciembre

Ella y yo rompemos en serio, luego de demasiadas peleas. Me siento deprimida y “emocionalmente enferma”, como me lo dijo alguien.
Navidad incierta, inundada en llanto y miedo. Nada de regalos.

Pero.. como soy un amor -altamente recomendable- aquí estoy a su lado rediseñando mi blog, invocando a los astros y a la gran Vodka para que en 2009 no se repitan las tremebundas peleas. Las dos sabemos que se vienen días decisivos. Mi gata me guiña un ojo: ha ganado y ahora R. sabe que ganándose a Vodka me gana a mí, y al final la más contenta es la siempre puta, putísima, Vodka.

Cambiando diseño

Gracias por pasar

22 de diciembre de 2008

Dos mujeres



Lo mejor que quedó del post borrado es una reflexión sobre el amor entre mujeres. Conversando con Marga entendí que algo había que rescatar y, por eso, remendé mi escrito, aparté mis heridas de mujer lastimada en diciembre, y me dispuse a hablar del amor entre dos mujeres, a riesgo siempre de ser criticada, pues a las lesbianas –por lo general- nos gusta que se exalte nuestro amor, o que se haga un poema con nuestros cuerpos fundidos. Digamos que es una buena forma de llegar al mundo, a ese mundo hostil que nos censura y se burla al preguntarse si es posible un orgasmo sin pene de por medio.

Se dice que el amor entre dos mujeres es el mejor ejemplo de comprensión, pasión, lealtad, respeto, erotismo inagotable, amistad. Suena perfecto, suena tan ideal que si fuera verdad yo no sería periodista sino predicadora, y andaría por las calles de mi ciudad convenciendo a las mujeres sufridas, golpeadas y desarmadas que se transformen en lesbianas, porque otra mujer les dará el amor, la paz, el lugar que un hombre malo siempre les negó… Pero la verdad es que si eres mujer, una mujer no te garantiza nada. Y es que en este mundo, y en el otro –si lo hubiera- nadie te garantiza nada.

La felicidad, la comprensión y todo lo que uno espera del amor o de una pareja están por encima de si uno es mujer u hombre.

Ser mujer y amar a una mujer no es como sacarse el premio mayor. Al contrario, dos mujeres juntas son un problema mayor, porque dos mujeres son demasiado corazón, demasiado carácter, demasiado sexto sentido, demasiada terquedad, demasiado engreimiento, demasiados ovarios…Dos mujeres somos cuatro tetas, somos dos reglas a fin de mes, somos dos clítoris que a veces crecen como penes. Dos mujeres somos demasiado, y amar a una mujer es cosa seria, por eso hay que pensarlo, y hay que PENSARLO antes de entregarse.

Quizás este post sirva para dejar de creer que somos HOMOSEXUALES, LESBIANAS, HETEROSEXUALES, BISEXUALES... Somos simplemente personas, en este caso mujeres, jodidas mujeres que salen, una y otra vez arruinadas -o con éxito- de una experiencia de amor.

21 de diciembre de 2008

Un post borrado

No es mi estilo borrar posts, pues creo que una vez que lo escribiste, a la mierda con todo: que te quieran, que te odien, que te acusen, que te juzguen... Pero considerando que quizás mis palabras dañan a una persona que quiero he decidido suprimir lo que escribí anoche. Disculpa Aquiles - el primero que comentó-, por eliminar tu reflexión, y disculpas a todos los que se percataron de ese escrito que hoy duerme en mis archivos.

16 de diciembre de 2008

Lo que mi gata le dice a mi novia




Estoy harta de tu mirada. Y quiero que lo entiendas. No soporto tu mirada, menos esa mirada de desprecio que busca apartarme de mi lugar, de mi cama, la cama donde duermes y haces ‘cosas’ con mi madre sin importarte que yo tengo ojos, que yo tengo nariz, que yo me incomodo con ciertos ruidos, y que odio el temblor de la cama.
Quizás si no irrumpieras con aires de diva, de dueña de todo, yo tuviera cierta compasión, pero apareces en nuestra casa dispuesta a cambiar las reglas elementales de convivencia que mi madre y yo hemos pactado, reglas simples fundadas en el amor y en el respeto a las necesidades de cada una.
Que no se piense que soy homofóbica. Al contrario, yo soy la primera en aconsejarte que salgas del clóset, fuera siempre estaremos mejor, pero respeto tu decisión, y francamente tampoco es que me desespere por el tema, pues es tu asunto, y no me meto. Además, ni mi madre ni yo tenemos claro si tú serás la mujer de la casa para toda la vida, así que no me afano en convencerte de cosas esenciales.
Sabrás que los oídos de los gatos son especialmente sensibles. Yo escucho hasta lo que todavía no has dicho, pero tienes en la punta de la lengua. Y eso es demasiado para mí. Así que te ruego que no grites, que no hagas gritar a mi madre, porque a mí me jode tremendamente que el silencio se rompa con alaridos y reclamos. Tendrías que saber que me gusta el rock pesado, y las rancheras.
Quiero rogarte que no me insultes ni me culpes de tus problemas con mi madre. He visto lo que chateabas con ella y estoy indignada. Y no digas que meto la nariz en cosas personales, porque yo sé que has leído varios correos de mi madre sin permiso, y a veces pienso que indagas en la papelera de su laptop. El otro día encontré esto:


R dice:
Estás obsesionada con la gata.
R. dice:
Eres caprichosa y
como sea quieres salir con el gusto de tener a la gata esa hasta en la sopa



Querida R. La gata esa tiene nombre. Me llamo Vodka desde hace casi 10 años. No soy la gata esa. No soy la basura como alguna vez he escuchado de tu boca. No soy mascota. No soy animal. Soy la mejor amiga de mi madre, y como tal espero que me respetes, y que comprendas que tu suerte podría estar en mis patas, así que tómate el trabajo de pensar en un buen regalo para esta Navidad, y en una contundente disculpa por tanto desdén en los últimos dos años y medio.
Solo te pido que llevemos la fiesta en paz. Yo te querré si tu me quieres. Mientras solo se te ocurra pedir que me desalojen de la habitación, la guerra está declarada. No pongas a mi madre en una situación difícil. No la juzgues por quererme, no le cuestiones por darme mi lugar en la cama pues las veces que te quedas ella no te quita sitio a ti sino que se quita sitio a sí misma para darme mi lugar.
¿Por qué duermo yo allí? Porque madre vive sola. Y yo soy su compañía cuando está triste, cuando se siente sola, cuando tiene ganas de morirse de la pena, cuando se muere por hablar y no tiene con quién. Yo duermo con mi madre porque no hay mujer que duerma con ella los 365 días del año. Tú vas y vienes, y yo en cambio no me muevo de allí, así que me quedo y no pienso irme más allá. Quizás podamos negociar el espacio, pero será algo mínimo. Me iré cuando los años no me permitan seguir. Mientras tanto, estoy, soy y existo.
Le has dicho a mi madre que la gente se burlará de este post. Sabes que mi madre no tiene tanto miedo al ridículo. Lo publicará, se avergonzará y luego se reirá. Y yo, desde aquí, desde la cama te recomiendo que uses la aspiradora –la que le hiciste comprar, pese a la resistencia de mi madre con esos aparatos- cuando te vuelvas a posar por aquí, porque a mí se me caen algunos pelos, como a los humanos se le caen los pendejos, las legañas, los mocos y otras porquerías que a veces las mascotas se tragan sin renegar.
Espero que esta sea la última vez que ventilemos nuestras cosas en público, querida R.

Mi regalo navideño trae dos infidencias:
  • Mi madre te quiere, claro que te quiere. Y te ha sido fiel hasta hoy, y mira que ella, ya sabes, no ha sido la más santa en la vida, pero parece que los años le han enseñado a no perder la cabeza por un buen polvo.

  • Mi madre te mira con una ternura que yo no comprendo, porque yo no te podría mirar con ternura. Pero mi madre que siempre cree que entrarías en una cajita de fósforo es feliz cuando la abrazas y no la jodes; cuando la besas y la besas, y luego le haces el café; cuando la ayudas con la computadora, cuando te pones hot hot; y cuando no te das cuenta y duermes abrazada a mí, como si realmente me quisieras.

14 de diciembre de 2008

¿Mala amante?



Estoy sentada en la esquina del dolor y del asombro.
Ayer me dijeron que era muy mala amante, y no me da vergüenza admitir aquí que quizás sí, quizás soy la peor. La que besa mal, la que nunca entendió el Kama Sutra, la que difícilmente logra complacer el exigente paladar que habita entre las piernas de una mujer, la que es pura teoría, y más mito que verdad. Sí pues. Soy la peor. Eso dice.

Y aunque la desilusión y la rabia de quien alguna vez te amó siempre te robarán méritos, sobre todo, en ese terreno, yo expongo aquí mi breve defensa para que me acusen de exhibicionista, para que digan que busco caricias a mi ego, para que se me llame figuretti –palabreja inventada en Perú y colgada a los famosos de la televisión-, y para luego morirme del bochorno por ser tan explícita, y siempre tan torpe, y siempre tan todo lo absurda como para escribir un post como este.

Pero, el agravio… solo se lo permito a mis ex a partir de los dos años de antigüedad. En el rubro ex incluyo no solo a las que me acompañaron años en la vida, sino a aquellas que circunstancialmente quedaron descalzas a mi lado.


Señoritas:

Espero que sus actuales parejas-amigas de confianza-esposas comprendan mi situación, pero es preciso que limpien mi honor y aclaren que esta mujer no es tan mala amante como hoy se dice. No espero que se calienten con el recuerdo. Solamente les ruego algo de memoria y de bondad. Rememoren mis besos, mis abrazos, mi generosidad, mis TE AMO, la fortaleza de mi cuello, la tensión de mis manos, la precisión, la disposición a jamás decir NO, la paciencia –sobre todo para ustedes-, y hasta el aroma de ese cigarrillo que ya no fumo.
Mis fallas y ausencias las sé de memoria, pero tampoco es justo que se pretenda creer que en el camino no aprendí. Sí, aprendí y hasta llegué a enviciarme en la nueva lección. Con los años alcancé cierta técnica que sin ser mejor que la de sus actuales amadas nos permitió estremecernos lo suficiente como para que ahora me sonrían y me añoren al leer esta pequeña cartita pública. No busco comentarios de ustedes. Tengo claro que leen, pero no comentan este blog, y que no son muy tecnológicas. Esa sonrisa aprobatoria que puedo presentir desde la distancia me confirma que la peor no soy, y que no es justo que en pleno diciembre, con la tristeza a flor de piel, hoy se me golpee tan bajo.

Gracias.
Y otra vez las disculpas a sus actuales parejas-amigas de confianza-esposas.

EV

EL POST POST:
Últimamente debo aclarar hasta mis suspiros. La cartita es una joda, una manera de reírme de mi misma, de burlarme de una situación. Y claro que también hay tristeza, pero nadie se ha muerto, y tampoco he matado a nadie. Me llegan mails de pésame, y otros que me invitan a demostrar cada línea. Yo solo pienso que las reacciones virtuales y las que ahora tengo en casa me hacen pensar en la conveniencia o no de seguir teniendo un espacio donde no siempre encontrarás lo 'políticamente correcto' y el 'mejor de los modales', porque ni yo soy 'políticamente correcta' ni una Candy, acostumbrada a pintar corazones rosas en los blogs. Yo simplemente soy una impertinente, que se arrepiente, pero al rato insiste en el error. Sé que me entienden.

10 de diciembre de 2008

Transformer


Soy yo, pero a veces –como en este instante- quisiera ser otra persona. Quisiera sacarme esta cara, toda la piel. Quisiera raparme, cortarme las manos, quedarme sin música, sin aliento. En este instante, yo pienso que quizás se puede. Para ser otra persona yo tendría que…
  • Reírme las 24 horas del día.
  • Despertarme peinada y feliz.
  • Llorar menos veces a la semana.
  • Odiar las Pringles de cebolla.
  • Detestar las computadoras.
  • Tener una balanza en el baño.
  • Apreciar a los taxistas de Lima.
  • Demorarme 20 minutos en la ducha.
  • No dar regalos a nadie.
  • Dejar los libros a la mitad.
  • Jamás revelar mi verdadero estado de ánimo en el Facebook.
  • Escuchar música electrónica.
  • Considerar el café como una amenaza a mi salud.
  • Formar parte de un grupo de oración, de un club, de una asociación sin fines de lucro, de una ONG, de un frente de lucha.
  • No posar en las fotos.
  • No mirar a las mujeres pasar.
  • Tomar la escoba y barrer diligentemente mi departamento.
  • Desconfiar de todo el mundo.
  • Invertarme otra personalidad.
  • Ser dulce como un caramelito.
  • Creerme lo máximo.
  • Ser fría, indiferente, egoísta.
  • Ser signo Geminis.
  • Ser virgen.
  • Besar con los ojos abiertos.
  • Ignorar al que me ignora.
  • Beber Champagne,
  • No rezar en el avión.
  • Amar las matemáticas.
  • No tener recuerdos.
  • Mirar con una sonrisa a las cajeras de banco y de supermercado.
  • Chequear mi correo electrónico dos veces por semana.
  • Soñar con conocer los Estados Unidos.
  • Ignorar las causas justas.
  • Pensar: “Pobre perrito” y quedarme con los brazos cruzados.
  • Menospreciar los blogs de chicos (as) a los que duplico la edad.
  • Tener el orgullo del tamaño del mundo.
  • Soñar con vivir en España.
  • Creer que mi gata no habla.
  • Burlarme del dolor de las rancheras.
  • Cantar canciones alegres.
  • Amar los deportes y la vida sana.
  • No ablandarme con la mirada de mi gata.
  • Dejar de pedir y de hacer favores.
  • Regresar de los viajes sin libros y sin souvenirs.
  • No creer que me quieren.
  • Querer morirme viejita, a los 88 años.
  • Disfrutar la soledad.
  • Llegar tarde a las citas.
  • Dormir hasta muy tarde.
  • Ser heterosexual.
  • Comprarme desesperadamente correas.
  • Preparar el desayuno después de un sexo fenomenal.
  • Creer en los roles: activo, pasivo, dama, caballero, moderno, etc…
  • Decir MI ESPOSA a mi pareja.
  • Soñar con monjitas.
  • No jurar por mi gata.



Que bella canción

7 de diciembre de 2008

Nuevas lesbianas





La noche de mi cumpleaños la pasé en el Vale Todo, una de las discotecas más concurridas por la comunidad gay y lésbica de Lima.

El Vale nunca fue de mi agrado. Cuando lo cerraron porque los vecinos denunciaron demasiada bulla yo me puse del lado de la pobre gente del edificio que no podía conciliar el sueño por esa fiesta perpetua que es el Vale.

Yo vivo en un tercer piso y no me gustaría que en el primero haya fiesta hasta las 6 de la mañana. Claro que saldría a marchar en un caso así. El tema es que aquí en Lima la comunidad saltó y denunció homofobia, mientras yo escribía una columna diciendo que la discoteca en cuestión discriminaba a sus propios gays y lesbianas que no eran muy bonitos.

Según los afectados de la disco, el alcalde era homofóbico. No me consta. Entiendo que Masías es más cholofóbico que homofóbico, pero el tema de mi post no es tan profundo, así que me centraré en mi noche de discoteca. Detallitos que me llamaron la atención y que me hicieron pensar en la invasión de una nueva lesbiana:

  • Hay un superávit de chicas lesbianas de 20 años. Creo que todas las lesbianas de 20 superan cinco veces a las de 30, a las de 40 y a las de 50. De acuerdo con mis consultas, esto pasa en Lima, en Buenos Aires, en Los Ángeles... En casi todas partes, las chicas de 20 son masivamente lesbianas. O, al menos, eso creen hasta que les llega la hora de casarse como Dios manda.
  • Las lesbianas de 20 están muy buenas. Y ya saben ustedes que yo tengo terror a las chicas de 20, pero ayer parecía que estaban todas las que debían estar en una gran vitrina, y yo las miraba, aferrándome a la cintura de mi novia para no resbalarme. Son tan perfectas estas niñas que uno se queda pensando por qué diablos nació en el 74. Ahora, yo no sé si con estas niñas solo se puede tener sexo o si también se puede tener sexo y conversar, y luego enamorarse. La verdad, es que no lo sé, y dudo que pueda averiguarlo.

  • Encontré algo terrible anoche. Ustedes sabrán o quizás no que yo soy una enamorada fan de Shane, la chica rompecorazones de LWord. Su look andrógino y desgreñado me seduce poderosamente. Bueno, hasta ayer. Yo no sé que pasa en Lima, pero demasiadas chicas quieren parecerse a Shane y le imitan el look. Si supieran inglés le imitarían hasta las palabras. Me pareció que ciertos tonos ya lo copiaron. Fue terrible encontrar a Shane deformada por todas partes. Burdas copias. ¿Dónde venden el disfraz? Unánimemente vestían camisa blanca fuera del pantalón, corbatita, o pantalón negro y chaleco negro. La correa gruesa infaltable, el jean gastado. Y la manía de parecer indefensas pero seguras, y la obsesión porque no se les desmarque el cabello... Mi novia dijo que dejara de joder y que no me pusiera a rajar. Ok. Lo intenté. Shane ya no es mi fantasía. Y me pueden insultar o decir lo que sea, pero sentí que algo estaba mal. Recordé la época en la que Michael Jackson se puso de moda y todos se ponían medias blancas. Seguro eso está pasando. Shane es un ícono lésbico (pura imagen, porque creo que no es lesbiana) y hay que parecerse a ella, así el gel incomode, así el delineador negro en los ojos termine por arder, así haya que salir de casa vestida de Candy para acabar en Shane. Nunca sabré qué es tirarme a una Shane peruana.
  • Descubrí que la minifalda es un buen argumento para conquistar. No sé por qué había tantas chicas con minifalda, pero una en especial me perturbó. En el Vale hay dos salas: una es la sala latina (allí se baila Los Prisioneros, Calamaro, Menudo, salsa, cumbia, baladas a ritmo de tecno) y otra es la sala electrónica. A mí me gusta la primera. La segunda me parece una mierda, pero a mi novia le fascina, así que doy la vuelta por allí, donde además hay un estúpido apartado VIP que de VIP solo tiene el espacio libre de sudores, y algunos sofás de cuero. La chica en minifalda que me perturbó pasaba de la sala latina a la electrónica casi al mismo tiempo que yo. Estaba en todas partes. Y yo que casi nunca miro piernas porque no me llaman la atención (salvo determinadas portentosas piernas) acabé mirando las piernas de esta niña. Sus piernas estaban forradas en unas pantys negras, demasiado gruesas. No entendí su rutina de ir y venir de un lado a otro, como buscando cariño... O quizás una víctima. Las piernas son demasiado traicioneras, pues te pueden estrangular. Las tetas y los culos son más bondadosos. Así que regresé a lo mío, y dejé las sospechosas piernas en su sitio.
  • Las mujeres maduras -como yo- tienen parejas de 20. Y no tienen miedo a los cachos. Parecen felices, tan felices. Así de feliz me veo yo cuando muchas personas envidian mi poderoso iPhone. Imagino que tener una chica de 20 encima es como tomarte pastillas rejuvenecedoras, capaces de ponerte fuerte durante dos buenas horas. Imagino nomás. El asunto es que este tipo de pareja me impresionó. Pensé entonces que si mi novia me deja y yo no consigo una treintona respetable tendré que buscar en el jardín de infancia alguna chiquita de 20 que entienda de literatura, que ame los gatos, que lea periódicos y que de preferencia tenga un blog, y que no use demasiados XD, X(,^_^, !_!, °_°, ¬_¬, XDDD, =D a la hora de chatear.
  • Otra vez descubrí que el destino había sido cruel conmigo, negándome el placer de tener una novia/amante/choque y fuga con grandes tetas. Y es que en el Vale había tantas pero tantas tetas inmensas que yo entendí que Dios me había discriminado.
ACLARACIÓN: No estoy en contra de las parejas que se llevan diez o quince años, o los que quieran. Lo que aquí he escrito es mi particular punto de vista, y nada más. Esta semana conocí una pareja maravillosa que se llevaba 20 años. Y la chica de 20 me pareció extra inteligente, al igual que su amada.Lo que yo critico es la pose, la estupidez del parecido... Ahora, no le estoy declarando la guerra a nadie. Simplemente opino. Y las excepciones al montón siempre serán apreciadas y bienvenidas.

PD:1 ) Tengo 34 y mi novia 32.

2) Mi novia amenaza con volverme a llevar al Vale.
3) La música de fondo de este post ha sido la mierda electrónica que bailamos el sábado.

4) Ah... La pasé excelente. Bailé sin parar con la más linda de todas (mi chica) y este post tiene el espíritu de la resaca.

3 de diciembre de 2008

Mi meme antes de los 34


Ante la terrible carencia de imaginación para crear un post, sesudo o caliente, opté por resolver el meme que muchas de las seguidoras de este blog ya han hecho de manera genial.

01. Nombre completo: Esther Vargas
02. ¿Por qué te pusieron ese nombre? Mi mamá y mi abuela se llaman así.
03. ¿Le pides deseos a las estrellas? Nunca.
04. ¿La última vez que lloraste? Hace un instante.
05. ¿Pan con qué? Con todo.
06. ¿Te gustan los animales? Demasiado.
07. ¿Cuántos hijos tienes? No tengo, pero mis cuatro gatas tienen esa categoría.
08. ¿Colaboras con alguna ONG? No.
09. ¿Si fueras otra persona serías tu amigo? Sí.
10. ¿Tienes un diario de vida? Este, mi blog verde.
11. ¿Eres sarcástico? Cuando estoy molesta.
12. ¿Harías puenting? No lo creo.
13. ¿Cuál es tu cereal preferido? La granola.
14. ¿Te desabrochas los zapatos antes de sacarlos? Sip.
15. ¿Crees que eres fuerte? Cuando estoy sola o con alguien muy frágil.
16. ¿Tu helado preferido? Coco.
17. ¿Qué número calzas? 39.
18. ¿Grupo de música preferido? No me gustan los grupos. Prefiero a los solistas.
19. ¿Qué es lo que menos te gusta de ti? Mi barriga.
20. ¿A quién extrañas mucho? A Hilda, mi tía.
21. ¿Cuál ha sido la última película que has visto? Honor y Gloria.
22. ¿Qué color de pantalones y zapatos tienes puesto? Estoy en short y sin zapatos, en mi cama.
23. ¿Cuándo fue la última vez que hiciste el amor? Hace tres días, como cuando Mariel hizo este meme.
24. ¿Qué estás escuchando en este momento? A mi gata raspando algo, y a Alejandra Guzmán cantando la misma canción.
25. ¿La última persona con quien hablaste por teléfono? Mi novia.
26. ¿Tu bebida favorita? Cerveza.
27. ¿Deporte favorito para ver por TV? Box.
28. ¿Comida favorita? Pollo a la brasa y causa.
29. ¿Final triste o final feliz? Feliz.
30. ¿Tienes mascotas? 4
31. ¿Día favorito del año? Ninguno en especial.
32. ¿Besos o abrazos? Besos.
33. ¿Eres una persona alegre? No siempre.
34. ¿Has viajado mucho? Me falta mucho por conocer.
35. Una fantasía sexual. Con Demi Moore en esa muy mala película llamada Strip Tease. O cuando se rapó en otra muy mala película, donde casi le pasa un tanque encima.
36. ¿Cual es la última comida que preparaste? Puré de caja.
37. ¿Color favorito? Negro o verde.
38. ¿Qué viste anoche en la tele? Nada.
39. Algo que te haga perder los papeles. Uff…. La impuntualidad, la lentitud, la arrogancia, la deslealtad, la mediocridad, el egoísmo, la envidia….¿Sigo?
40. ¿Dónde es lo más lejos que has estado de tu casa? Creo que en el mar de Belice, buceando.
41. Algo que te daría morbo hacer. Dormir al lado de ciertas mujeres.
42. ¿Eres abiert@ a opciones sexuales como el sexo oral? ¿Ciertas opciones? Ja, ja… Soy.
43. Postre favorito. Torta de tres leches.
44. Un sitio para desaparecer. En el mar.
45. ¿A qué animal le tienes más miedo? A las ratas y al Cuy Mágico.
46. No te gustaría morir sin probar. Ciertos besos.
47. ¿Alguna vez te pillaron haciendo el amor? Sí. Los serenos de La Punta.
48. Tu nivel de paciencia de 0 a 10 es: 2
49. ¿Qué libro estas leyendo? Escrito en el cuerpo, de Antonia Katz
50. ¿Alguna vez tomaste drogas? Sí, pero no me drogaron.

29 de noviembre de 2008

Antonia Katz en la Feria del Libro de Lima. Amores lésbicos y mucho más.






La escritora chilena Antonia Katz llega a Lima para presentar su libro Escrito en la piel, un conjunto de historias sobre sus relaciones de deseo y amor con las mujeres. He visto que en un diario local la presentan como “polémica”. Yo no encuentro en sus historias nada polémico, al contrario las siento familiares, y se me presentan casi como pequeños cortos donde mis amigas, mi pareja, mis ex amantes y yo pudimos ser protagonistas.

Yo no la siento polémica. Yo la siento sincera, y la sinceridad siempre será un plus que se aprecie en estos tiempos impostados. Este post es para contarles que el jueves 4, a las 7:00 p.m., presentaré a Katz en la Feria del Libro Ricardo Palma, en Miraflores.

Es un honor.

He aquí algunas palabras de Antonia -que no se llama Antonia- :


No soy una gran lectora de literatura chilena, pero según las opiniones que he recibido por el libro, creo que hasta ahora no existían alusiones explícitas al tema (el lesbianismo). Por ejemplo, Malú Urriola me encanta, pero ella escribe con cierta ambigüedad. En algunos versos habla de “ella”, pero no es algo claro. Pía Barros puede ser, pero no existen mujeres que narren estas cosas, con la libertad que lo hacen los hombres.


-¿Cómo te decidiste a iniciar toda esta búsqueda amorosa, dentro de tu propio género?-le preguntó un periodista.
-Fue por una fantasía sexual. Siempre pensaba: “Alguna vez me gustaría darle un beso a una mujer”. No fue algo que me predeterminara, tengo seis hermanas, he visto “cueros” femeninos toda la vida, y nunca fue algo que me erotizara. Hay gente que dice que es algo genético, pero no, para mí es una opción. Yo estoy con “A” porque quiero estar con “A” y puedo irme a “B” también, si quiero.


Yo creo que hay diversidad porque, por ejemplo, mi mejor amiga sabía desde muy pequeña que le gustaban las mujeres. Tuvo pololos, lo pasó bien, llegó a querer, pero no llego a amar; algo faltaba. Hay muchas personas que siguen un camino tradicional durante un tiempo, y que después se dan cuenta que ahí no está la respuesta que buscan. Así mismo, hay personas que han tenido acercamientos con este mundo y no les han sido favorables, y quedan con la sensación de “puta, no soy de aquí ni de allá”. Gracias a Dios, yo tuve la suerte de haber llegado a un sitio en donde encontré personas que me abrieron su casa, que me acogieron y que no me juzgaron preguntándome si era lesbiana “derechamente”, sino que sabían que yo estaba en una búsqueda.

Ahora estoy enamorada de la Sol , mi actual pareja. Tengo proyectos con ella y siento que es mi camino. Pero como todo camino, puede surgir un rumbo distinto. Yo no me voy a poner un cartel que diga “lesbiana”, si sé que el día de mañana puedo terminar con esta relación, encantarme con otra persona, y cambiar de vida. Yo me quiero sentir libre de estar en dónde quiera estar.


Soy una eterna buscadora del amor. Puedo ser la mina más psicópata cuando me gusta alguien o estoy enamorada de alguien. Soy capaz de dar vuelta el mundo por esa persona. Pero en el momento en que se me acaba el amor, se acaba toda mi pose de “guerrillera”.

La relación afectiva entre mujeres es súper amorosa y de amistad. Cuesta discernir si se está enamorada de la mejor amiga, o si son “amantes-amigas”, porque el límite es muy sutil. Por ejemplo, yo con la Sol la pasamos la raja, nos reímos montones, somos cabras chicas y salimos. Con ella llevo una vida que no sé si antes me negué, o si mis parejas anteriores no me permitían llevar, porque tuve muy mala cuea con los hombres. En ese sentido, reconozco que también hay una parte mía súper dañada, pero los últimos tres años la han recompensado.


Espero que la lean. Y como todavía faltan algunos días para el evento espero que me ayuden a elaborar las preguntas que debo hacerle. Gracias adelantadas.

PD: Quizás la novia de Antonia nos canta el jueves esta canción.

25 de noviembre de 2008

Lesbiana, 34


A escasos días de cumplir 34 años he comenzado a reflexionar temas serios para cualquier lesbiana que se respete:
  • Tengo tantas ganas de hacerle el amor a mi novia en estos días que quizás me ha dado la adicción de base tres y medio, una peligrosa adicción que te consume desde la cabeza hasta más abajo, al punto que solo piensas en meterte a la cama con ella o en tomar prestada cualquier esquina. Mi novia piensa que es el verano y yo me siento rejuvenecida. Carajo, ¿alguien me está echando Viagra al café? No, es el verano que irrumpe en Lima con partículas de deseo para tomar y disfrutar.
  • He pensado seriamente que quizás cumpla el deseo de laciarme el cabello y poner fin a estos rulos de toda la vida que ya no quiero tolerar. Lo único que necesito es voluntad para sentarme una hora y media en la peluquería.
  • Creo que los 34 llegarán con menos torpezas en mi boca y en la punta de mis dedos. Sí, sobre todo en la punta de mis dedos, desde donde afloran las infamias que a veces escribo. Bueno, intentaré por ejemplo escribir menos de las tetas grandes y de las chicas también, trataré de no toparme con senos prominentes de casualidad, dejaré de decir CULO tantas veces al día y veré la vida con optimismo.
  • A los 34 me comprometo a no creer jamás en el Roaming Internacional y a leer las letras chiquitas de todos los putos contratos que firme, porque a los 34 una ya está grande.
  • Buscaré la manera de aprender inglés, aunque sea para entender esos nicks en inglés que ciertas mujeres colocan para despistar a especies inútiles como yo.
  • Admitiré con bastante elegancia que soy celosa, pero no me gusta que me celen. Odio ODIO que me digan: ¿Acaso te está interesando alguien? ¿No estabas fantaseando con ella? ¿Qué cosa hablaron? ¿Estás segura que no te gusta? ¿Me estás mintiendo? ¿Te gusta alguna de esas chicas que comenta tu blog? Odio estos interrogatorios, pero a veces me encanta hacerlos.
  • Regresaré a las discotecas a bailar así baile muy mal. Y al ingresar dejaré de encontrar defectos a la escenografía, a los tragos, a la música, a los zapatos de la gente, a los culos de los chicos, al baño donde las chicas se juntan para acomodarse sus benditos hilos dentales, a los drag queen y sus estúpidos disfuerzos ... Pensaré que es un espacio libre, donde todos podemos hacer el ridículo. De hecho, yo -a los 20 y pico- era la reina de los ridículos en el mismísimo Vale Todo, el sitio que me espera para demostrarle a mi pareja que soy complaciente, que en este lugar puedo bailar muy bien una salsa como la mierda electrónica que tanto le gusta.
  • Pensaré en serio en la posibilidad de cambiar de look completamente, pero completamente es completamente. He dicho: pensaré. Así que no me aborden por el msn para preguntarme si ya cambié. Estoy pensando. Solo pensando. No recibo sugerencias para no estresarme.
  • No retomaré mi curso de manejo, porque creo que mi estampida cerca del Marriot fu suficiente para condenarme a estar sentada al lado del copiloto, pero impulsaré a mi novia para que maneje y me lleve a la luna, aunque sea.
  • Sonreiré más seguido. Sí, ha llegado la hora de dejar la amargura y pensar que errar es humano. Y que yo soy recontra humana, demasiado para el gusto de la gran Vodka, la gata mayor que aprendió a abrazarme con los años.

Y:
  • Dejaré de pelearme con la conciencia nacional del país. Pobres, no tienen arreglo. Pobres, creen que vomitando basura marcan la agenda del país. Ay, la ingenuidad. ¿Por qué mierda quieren ser César Hildebrandt? César Hildebrandt para los que no son de Perú es un gran periodista, casi un juez agrio e intachable, al que nadie llega a los talones, pero que todos imitan, y encima muy mal. César Hildebrandt es impecable. Es el único tipo al que he entrevistado para luego llegar a la redacción y transcribir sus palabras sin siquiera agregar una coma, porque venían con comas, puntos seguidos, apartes y finales. Pero bueno: no me pelearé con nadie más. Así que me declaro espectadora pasiva (solo en este rubro). Antes, sin embargo, me permiten esta declaración: "Hey, plagiador, a mí no me digas lo que tengo que hacer. No me brindes lecciones de moral. No me enseñes a tener dignidad. No me digas: 'coleguita, el periodismo es así...". Y no encabeces campañas que ni siquiera tienes la decencia de cumplir".

20 de noviembre de 2008

Pensando en las mujeres


Estoy en Puerto Vallarta, México. La foto parece de placer, pero estoy estudiando. Esa fue una escapada para nadar y recuperar energías.
En estos días he pensado algunas cosas sobre las mujeres que al vuelo quiero compartir con ustedes:

  • Las mujeres son complicadas, pero se les extraña una barbaridad.
  • Las mujeres más esquivas son las que más te causan adicción.
  • Ser infiel a una mujer es más peligroso que serle infiel a un hombre. No me digan que no creen en la infidelidad o que jamás pondrán los cuernos. Ya sé que son perfectas. Solo piensen que la mujer te huele cuando sacas los pies del plato. Te huele hasta llegar a la verdad. Y eso reprime a cualquier muchacha buena.
  • Las mujeres son más tercas que los hombres.Te dicen NO y es NO. Y cómo cuesta el SÍ.
  • Las mujeres son más complejas, sí, hasta en la cama lo son. Los hombres -como decía Yiya- son más simples en su anatomía. Yo no se lo dije a Yiya cuando chateaba con ella pero lo pensé: A un hombre le pones la mano allí y el hombre está listo, y deja de reclamar, y hasta cambia la cara triste. A una mujer le pones la mano allí y el trabajo recién empieza. Y encima nadie sabe cuál será el desenlace, cuáles serán las indicaciones que habrá que seguir, y etc, y etc. Y lo peor: nada garantiza que el rato rico le haya hecho olvidar lo que en el previo al sexo le molestaba.
  • Cuando dos mujeres se juntan chocan dos personalidades explosivas, dos engreídas muchachas, dos testaturadas niñas, dos reglas (¿Saben que es coincidir en la regla con la pareja? No se los deseo chicas), dos corazones desamarrados.
  • No seré heterosexual al final de la vida, cuando ya me haya cansado de intentar ser feliz con una mujer. No, para nada. No podría. Pero lo he pensado y en serio me he dicho: estoy condenada.
  • Y acabo de abrir la ventana de mi habitación y he visto una chica en topless. Mis ojos han seguido sus tetas que hacen ejercicio frente a mi ventana. Y he pensado: Dios no castiga a las lesbianas y a los gays. Ese discurso es una mierda. Pero Dios da a las lesbianas que gustan de tetas grandes tetas chicas para probar. Ya sé que a Vero eso no le pasa (Sorry Marga), pero a las lesbianas fanáticas como yo Dios les jode un poco la existencia. Mientras las tetas siguen frente a la ventana, yo he pensado que no tomaré fotos porque eso sería violar la intimidad de tan despampanante rubia. Así que he respirado hondo y he decidido hacer ejercicios. He salido a la terracita y he estirado mis brazos, y he abierto y cerrado las manos, como quien agarra naranjas. He descubierto que todas las tetas de mi vida han encajado en mis manos, y he pensado que ese es mi feliz destino. No sé por qué siempre caigo en el mismo tema. Ya sé que el amor y el cerebro, y la personalidad, no se ubican en los pechos de nadie, pero qué maravilla pensar que las tetas de la chica del topless piensan y quieren bien.
  • Este post desequilibrado por la calentura mexicana me permite decir que estoy estudiando mucho, aprendiendo y conversando con gente (yo que más hablo por la red que con la boca) sobre temas que me interesan: el periodismo, los nuevos medios, la libertad de prensa... los dueños de medios.
ACTUALIZACIÓN: Ya no soy una e...
ACTUALIZACIÓN 2: Mi amada pareja leerá este post y no se va a molestar porque yo soy una santita conforme con sus dos regalos tamaño mano.

15 de noviembre de 2008

Viaje al pasado


La idea es de Vero. Leer a Vero me impulsó a volver a escribir cuando pensaba que el próximo post esperaría demasiado, pues mi cabeza estaba en otra parte. Tiempo de crisis le llaman y extrañamente no era una crisis de pareja (gracias enana por abrazarme fuerte ayer y hoy, y seguro que mañana).

¿Qué cambiaría yo de mi vida si pudiera viajar al pasado? En la lista que sigue, algunas de las cosas que cambiaría, haría o dejaría de hacer, si tuviera la posibilidad de realizar ese viaje:
  • Hubiera tenido un bebé con mi primer novio. Se habría llamado Alejandro y habría entendido que papi y mami no podían amarse para siempre.
  • Habría derrumbado la pared que hasta ahora me impide abrazar a mi mamá, con quien puedo hablar de mil cosas y llorar, pero sin tener demasiado contacto físico.
  • Le habría creído a mi mamá cuando dijo: “Ahora sí Hilda se muere”. Diez veces en menos de una semana había dejado mis entrevistas y mis clases para ir a despedir a mi tía-mamá que aparentemente ya se moría. El día que no acudí al llamado de mi mamá pensando que era una nueva exageración mi Hilda se murió. Su corazón tan grande no resistió más. Yo llegué tan tarde al hospital que sus ojos verdes de gata no alcanzaron a desearme suerte en la vida que me esperaba. Tenía 20 años.
  • No hubiera ido a esa discoteca llamada Perseo donde descubrí que había demasiadas chicas lindas, disponibles en mayor o menor medida para pasar un rato, una noche, pero jamás una vida conmigo.
  • No habría insistido en enamorar a quien luego sería mi peor error.
  • Jamás le hubiera hecho daño a Mp.
  • Habría aprendido a perdonar y a empezar de nuevo en un segundo piso.
  • Habría mandado menos a la mierda a mucha gente. Nada justifica mi ira del pasado.
  • No habría fumado dos cajetillas de cigarros al día. Solo me habría fumado media.
  • Habría dicho menos mentiras a aquellas mujeres que amé y de las que nunca me supe escurrir cuando el amor cedió.
  • Habría besado menos bocas, pues todas esas bocas no me enseñaron a besar como luego aprendería.
  • Encontraría sentido al ahorro.
  • Hubiera hecho dieta.
  • Y en un pasado no tan pasado hubiera escrito el post que todos (sí, ya saben) esperaban leer ayer, pero la tristeza me quebró los dedos.

Y… Buscaría la oportunidad para dar las gracias a quienes me formaron como periodista y me tuvieron fe, pese a todo. Daría las gracias a aquellos que ya no están, pero que siempre caminarán a mi lado en los mejores recuerdos. Me refiero aTeresa Blanco, Christian Vallejo, Eloy Jáuregui, Maritza Zapata, Percy Ruiz, Blanca Rosales, Mario Munive, y Augusto Álvarez Rodrich.

10 de noviembre de 2008

Mujeres despechadas




Yo no sé ustedes, pero yo sí. Yo he sido una mujer despechada. Y no me siento orgullosa de aquello. Tampoco me da pena contarlo.Y tampoco descarto que un día cualquiera cante la canción de este post. Claro, algunas dirán que cuando se acaba siempre se desea lo mejor a la otra. Pues sí, se le desea lo mejor, pero si ella te ha dejado en pedazos le cantas esta canción o cualquier otra que alcance para acariciar el dolor.
He tenido momentos de despecho extremo, en los que yo misma me he espantado del ridículo que he protagonizado. He visto mi dignidad pisoteada y me han mirado con cara de "todavía me amas" tantas veces como he caído, pero sobreviví para contar la pena, sabiendo claro que quizás en esto del despecho yo tenga vocación de reincidente.
El despecho es una explosión cruel para los tres: la mujer que soy yo, la mujer que es ella, y la nueva mujer de ella. Porque el despecho, por lo general, nos aflora cuando otra aparece en escena. Mientras la otra no asoma una se resigna a la separación, así duela

  • Por despecho yo he besado a una y a varias chicas de las que no retuve ni el aroma, cubierta de amnesia, de dolor y de ganas equivocadas.
  • Por despecho yo he despertado donde no debía, abrazada a un cuerpo que creía conocido, pero que apenas había probado algunas horas atrás.
  • Por despecho yo he tomado el micrófono en un karaoke para demostrarle al mundo que ya olvidé, ya olvidé -como cantabaJosé José-, para luego terminar llorando en un rincón roto.
  • Por despecho yo me he bebido hasta la última copa.
  • Por despecho yo he escrito poemas muy malos que sutilmente deslizaba hasta su puerta.
  • Por despecho yo he publicado una foto de falsa felicidad en mi Hi5.
  • Por despecho yo he malgastado el dinero para aparentar que nada puede estar mejor en la vida.
  • Por despecho yo me he lanzado contra esa otra para pedir explicaciones por la mujer que había perdido.
  • Por despecho yo he terminado con la cara al filo del piso, mirando solo zapatitos que bailaban.
  • Por despecho yo he comprometido mi alma.
  • Por despecho yo he escrito historias que nunca sabré si son ficción o realidad.
  • Por despecho yo he manchado su nombre.
  • Por despecho yo he llorado amargamente frente al mar de Chorrillos, pensando que ninguna estrategia me funciona.
  • Por despecho yo he bailado como la más puta de todas las putas.
  • Por despecho yo he buscado el éxito con obsesión.
  • Por despecho yo me he pintado el cabello de rojo.
  • Por despecho yo he mirado un cortejo fúnebre, envidiando la suerte del muerto para mí o para ella.
  • Por despecho yo he deseado tatuarme el nombre de la Alejandra que nunca tuve en el pecho.
  • Por despecho yo he cruzado la pista esperando que algún buen chofer me aplaste y me deje media viva para poder culparla de mi desgracia.
  • Por despecho yo me he enfermado hasta dar lástima.
  • Por despecho yo he tenido orgasmos, a pesar de que el sexo era malo.
  • Por despecho yo he escrito cartas falsas que luego mandaba a mi propia casa para creer que me pedían regresar.
  • Por despecho yo he metido las narices en su relación hasta rescatar lo peor para contarlo al mundo.
  • Por despecho yo me he puesto la camisa de la otra.
  • Por despecho yo he hecho todo para que la otra descubra que quizás pensaste en mí.
  • Por despecho yo he declarado la guerra, y he alzado la espada.
  • Por despecho yo he tomado su cuello con mis manos para hacerle saber que ya no me importa, pero cómo me duele.
  • Por despecho yo he quedado en una esquina, como perro sin dueño, llorando hasta el amanecer.
  • Por despecho yo he renacido.

7 de noviembre de 2008

Cuando viajo sola


Ya no busco una chica para pasar el rato... La cacería es un deporte que a determinada edad uno abandona. Al menos, en esa etapa me encuentro yo. Al dejar Lima con motivo del curso en Bogotá no planifiqué ninguna aventura extra pareja. Tengo dueña (temporal o por siempre, no lo sé) y me da flojera.

En otro tiempo llegué a Bogotá en busca de una cibernovia, pero como el juego no salió tan bien creo que quedé curada. Así que acabo de despertar en La Candelaria, uno de los barrios más lindos que conozco.
Al lado derecho de mi cama no hay más que dos libros, la mochila donde guardo la laptop, y mi casaca. Tengo puesto el buzo polar color celeste de mi novia que huele a ella.

No he tenido sexo desde el lunes en la noche. No estoy arañando las paredes. Simplemente espero regresar a casa y hundirme en la cama, a esperar que mi pareja me atienda como me lo merezco (ja, ja...). No esperen que tome la iniciativa, no... Hoy no.

Odio Lima por su caos y brutalidad, pero no puedo dejar de extrañar mis calles. Así que no me siento mal al decir: "Ya vuelvo, por fin". Conozco a mucha gente que cuando está fuera del Perú dice que no quiere volver más. Yo soy extraña. Apenas llego a alguna parte que no es mi país ya estoy pensando en regresar. Es raro y no le busco explicación.

Volviendo al tema debo reiterar que soy casi una monjita. Hay que quitarle el casi. No he visto ninguna colombiana espectacular, quizás por mi estrés de buscar wifi en todas partes. Lo mío se llama ceguera, porque colombianas espectaculares hay muchísimas.

Ningún culo me ha hecho tropezar. Ninguna mirada me ha desarmado. Ni siquiera me he masturbado. No he tenido sueños eróticos. Aunque creo que despierta y con los ojos cerrados me imaginé algo que no vale la pena postear.

Sobre la masturbación debo agregar que no me quita el sueño. Nunca he sentido LA NECESIDAD. Antes creía que eso se debía a mis parejas consecutivas en la vida. Siempre tuve pareja. Sí, desde chiquita. (ja, ja...). Entiendo que esto amerita una nueva consulta con la psicóloga: "Señorita, ¿por qué diablos usted no puede estar desparejada aunque sea una semana. Qué gusto ese de empalmar una tras otra", me dijo la doctora cierta vez.

Bueno, el tema es que no soy de las que "pienso en ti con mis manos". Esta frase es de Bebé, y la recuerdo ahora tras leer el post de Yiya.
Para no dispersarme reitero: la masturbación no me quita el sueño, pero mi Egg Vibration ha sido un buen regalo, regalo que -por cierto- no me traje a Bogotá.

En unas horas debo regresar a Lima. He recordado que cuando tenía 2o y medio, y viajaba era un peligro internacional. No, no crean que me alucino una rompecorazones. Para nada. La rota aquí siempre he sido yo. El tema es que siempre había un alma-cuerpo para esa especie que era yo. Ahora, voy tranquila, buscando wifi en el aire, libros, regalos para mi novia y un café, tinto le llaman los colombianos.


PD: La chica desnuda del cuadrito es la única mujer que he tenido encima.

2 de noviembre de 2008

¿Cómo te hiciste lesbiana?



Una amiga que apenas tiene 19 años y que no es lesbiana por ningún lado –al menos, hasta este instante-me preguntó el otro día cómo me hice lesbiana. La pequeña L me devolvió al pasado.

Me hice lesbiana por despecho. Pero la historia no se resuelve tan rápido. A los 17 años y medio yo era una ferviente heterosexual. Sí, ferviente. Amaba, deseaba y degustaba a mi novio con furia. Me iba a casar a los 18. En unos pocos meses todo cambió.
Una mujer, como de 40 años, me desarmó con solo darme órdenes. Yo era su practicante, su más aplicado proyecto de periodista. Ella me seducía con solo darme la tarea de la mañana. A ella le escribí los primeros, y los únicos y los últimos poemitas de mi vida.

Yo no sabía nada de lesbianas. En mi pequeño mundo, esa palabra jamás había sido mencionada. Imaginen ustedes en que isla vivía yo.

Yo había leído muchísimos libros, pero jamás me había topado con esa palabra. Había escuchado decir a mi mamá que en el barrio había una “machona”, pero no me interesó saber más. De la homosexualidad yo no sabía nada, excepto que Percy –el peluquero de la familia- se pintaba los ojos y se ponía tetas. Nada más. No era mi tema. Yo tenía bastantes angustias con mi novio. El mundo no me importaba. Solo quería dos cosas en la vida: ser periodista y casarme a los 18.

Así que cuando escuché por los pasillos de mi centro de trabajo que ella era lesbiana yo no me inmuté. Cuando empecé a escribir los poemitas a diario –de madrugada, sobre todo- comencé a inquietarme. Me inspiraba en sus manos, en su cuello largo y en sus ojos grises. En mis poemas yo era su amante. En algún momento creí que quizás no iba a ser periodista sino escritora, y esa calentona inspiración era solo el comienzo de mi verdadera vocación. Ahora me río. Poemas más malos no he visto jamás.

La poesía se desbarató cuando ella tocó mis manos y jugueteó con mis dedos sobre su escritorio. Yo me dejé acariciar y, por supuesto, acaricié, acaricié…Cuando me disponía a lanzarme debajo del escritorio para besar sus piernas (así de osada era, no sé de dónde sacaba valor), ella me pidió que me fuera: “Yo no seré culpable de nada, ándate, ándate”. Me fui sin decir ni una palabra. El cuerpo me ardía.
Esa noche dormí con mi novio. Tendidos en la cama, yo sentí que sus manos eran como lijas, que su pecho parecía de madera, que todo él me era ajeno. No me toques, no me mires así, no me digas nada… “Se acabó”, le dije.

Días después, con el novio todavía rogando, salí con ella y con varias amigas a tomar unos vinos frente al mar. El licor me devolvió la osadía anulada por el primer desplante. Una de mis compañeras de trabajo sabía lo que me estaba pasando y aunque tampoco mencionó la palabra lesbiana se hizo mi confidente, proporcionándome ideas para conquistar a esa mujer que parecía esquiva, pero dispuesta.

No sé cómo logré apartarla del grupo. Ella reía y me acariciaba la cabeza. Yo entonces le tomé la cara y le dije: “Bésame”. Ella me miró con dolor. Entonces, yo la quise besar. Ella puso resistencia y soltó la sentencia: “Yo no voy a arruinar tu vida, tus proyectos profesionales, tus sueños. Eres una bebé. No te metas en esto Esther”. Giró y se fue.

La odié. Y la rabia me llevó a otro camino. Miré a mi compañera confidente y casi le ordené que fuera a dormir conmigo. “Te necesito. Estoy mal”. Le conté todo. Ella insistía: “La próxima cae”.

Mi compañera confidente quería saber los detalles. Y yo quería darle puñetazos a la pared. En un instante que jamás olvidaré, nuestras miradas se encontraron. Nos besamos, nos besamos, nos besamos… Esa noche no dormí. Ella y yo hicimos el amor sin saber bien qué teníamos que hacer. Guiadas por el instinto nos dejamos llevar. En algún momento, ella me pidió que pronunciara su nombre: K, eres K, no te estoy confundiendo.

A la mañana siguiente, K no quería mirarme. Yo desperté feliz como pocas veces en esta vida. La abracé y le dije: “Somos novias”.

Desayunamos como desayunan las parejas que hacen el amor toda la noche. Desayunamos a lo grande. Y salimos a caminar por el malecón de Chorrillos. Yo me sentía dichosa, descubierta, real.

Ella fue mi primera pareja. Duramos lo que tenían que durar dos lesbianas primerizas y confiadas en que en el planeta Perú solo éramos dos. Fueron cuatro años juntas. Siempre me declararé culpable de haberlo arruinado todo, pero ahora entiendo que era un proceso de conocimiento. Cuando yo descubrí que en el planeta Perú habían cien, mil, miles de mujeres que amaban mujeres, los ojos se me abrieron y salí de cacería.

Así me hice lesbiana. Explicaciones nunca busqué al tema. Quizás lo de la manos tenga algo que ver. Las manos de las mujeres me dominan. No deben ser finas ni suaves. Las manos rudas y ásperas me han atraído mucho en ciertas épocas. Simplemente, me gustan las manos de una mujer porque pertenecen a una mujer. Descubrí también que el pecho plano de mi novio era como besar y tocar una madera. Descubrí que las ondas del cuerpo de una mujer me enloquecían. Y me hice lesbiana de la manera más sencilla. Para todo lo demás, mi vida ha sido un caos. Para asumirme lesbiana yo solo necesité una noche de… vamos a llamarle amor, porque sentí amor. Me enamoré en esa primera vez.


PD: Posteriormente recordé ciertos episodios marcadamente lesbianos en mi vida, episodios que había borrado:

  1. Fijación por una profesora a la que defendí a puñetazos de la malcriadez de un chico, compañero de salón.
  2. Extraña contemplación al trasero de Catherine Fulop en un póster que pegué en mi cuarto, donde ella aparecía al lado de Fernando Carrillo, por quien supuestamente yo moría. El asunto es que yo no podía dejar de mirarle el trasero a la Fulop. Y lo hago hasta hoy.
  3. Todo mi cuarto estaba lleno de pósters de Luis Miguel, mi ídolo de la adolescencia. Un día, como a los 15 años, cambié a Luis Miguel por Alejandra Guzmán. Y muy cómoda disfrutaba el look de mi habitación sin pensar que ya quizás me gustaban las chicas.

29 de octubre de 2008



  • NO estaba obligada a sufrir cien años por ti.
  • NO tenía que rogarte para hacer el amor.
  • NO me daba la gana de fingir felicidad los domingos.
  • NO podía seguir soportando tu indiferencia en la noche.
  • NO tenía que comprar tus besos...y todo lo demás.
  • NO me ibas a destrozar todos los sueños. Tenía el derecho de quedarme con uno.
  • NO iba a llorar 365 noches contra la pared.
  • NO tenía que pedir disculpas por abrazarte en la madrugada.
  • NO me ibas a destruir. Si acaso ese fue tu objetivo, lee, lee en voz alta: "Aquí estoy, todavía viva".
  • NO iba a durar eternamente el hechizo.
  • NO me romperías la ilusión de sentirme amada.
  • NO te creí que la vida era así de torcida.
  • NO me resigné a un amor trasnochado y con olor a resaca.
  • NO me abochorna admitir que escribir mil veces NO es la mejor terapia para NO conmoverme cuando con tu cara más triste vuelves para decir que NO quisiste hacerme daño.

.... NO me volverás a tener.

25 de octubre de 2008

El último Meme... (del mes)





Lo leí en el blog de Marga y me tardé en responderlo, porque hace diez años pasaron muchas cosas que quizás no quería recordar. Finalmente, hice el Meme y aquí está.



10 años atrás yo:

Lloraba por el amor de una mujer que me hacía inmensamente infeliz. Al mismo tiempo, entregaba el cuerpo a muchas. Fumaba dos cajetillas de cigarrillos, iba de bares los jueves y los sábados, escribía cuentos torcidos, y leía más libros que hoy. La madrugada siempre me sorprendía en la calle. La vida parecía tan larga. Yo era invencible en mi dolor.

5 años atrás yo:

Convivía con la mujer que me había hecho llorar tanto (la misma de arriba)… y seguía llorando. Éramos la familia feliz de día (ella, su hijo, mis cuatro gatas y yo) y la pareja infeliz de noche. Fumaba dos cajetillas de cigarros. Creía que su hijo se había convertido en mi hijo. Pretendía hacer el amor todas las noches sin éxito, cocinaba tres veces a la semana y trabajaba doce horas en el diario.

1 año atrás:

Tenía un nuevo amor y... la depresión se había instalado en mí.

Ayer yo:

Conversaba con mi ex pareja (la que no quiere tener la categoría de pareja porque yo fui mala y tramposa con ella) delante de una pizza. Dos schnauzer escuchaban la charla. Mi novia se había ido a bailar con su amigos del trabajo…
Horas antes, el doctor me había dicho que quizás la depresión había vuelto. Horas antes, la cabeza me estallaba. Horas antes, cargada con una bolsita de pastillas buscaba un taxi en la siempre caótica Lima.

5 canciones de las que sé toda la letra:

Con las canciones, la memoria me falla. Pero estos temas –sin ser los top en mi banda sonora- suelo cantarlos sin cambiar las palabras… Al menos, eso pasó la última vez que los canté.



5 lugares para irme:

  • Chorrillos, entre el malecón y la playa.
  • Buenos Aires, de café en café, parque Lezama, Palermo.
  • Belice, el mar, el mar, el mar.
  • El Olivar, San Isidro (Lima) con olor a marihuana para recordar a Dany Pajuelo.
  • Bogotá, La Candelaria. Mis cinco paradas, en diversos años allí, me convierten en una peruana enamorada de este barrio colombiano. Dicho sea de paso, regreso a Bogotá el próximo 4 de noviembre. Es decir, volveré a La Candelaria.

5 mayores alegrías de mi vida:

  • Cuando Vodka llegó a casa.
  • Cuando creí haber formado una familia.
  • Cuando alquilé un departamento por primera vez y, al fin, declaré mi independencia. Tenía 20 años.
  • Cuando volví a enamorarme.
  • Cuando mis hermanos, de 14 y 15 años, le dijeron a mi mamá que mi opción sexual no les interesaba, me amaban y eso era lo único que contaba.

5 cosas que me gusta comer:

  • Pollo a la brasa. Un cuarto, parte pecho.
  • Mi causa. (El MI es obvio).
  • Pringles de cebolla, lata grande. (Preferiría no invitar).
  • Papa rellena.
  • Garbanzos con acelga y tocino. (Preferiría prepararlos yo).

5 cosas que no me verás usar:

  • Una minifalda.
  • Tacazos.
  • Hilo dental en la playa… (Seamos razonables).
  • Terno y corbata (Me muero por usarlo, pero todavía NO)
  • Polos mojados como Sabrina.

5 juguetes favoritos

  • Mi iPhone.
  • Mi laptop.
  • Picassa para retocar las fotos y cortar lo que sobra.
  • Mi Facebook.
  • Mi Egg Vibration.

22 de octubre de 2008

Meme de las seis cosas


Catalina me pasa este Meme que alguien le jugó. Es el Meme de las seis cosas que me encantan y las seis cosas que detesto. Y aquí está. Advierto que es largo y algo amargado.

Me encanta:

  1. Mis gatas. Desde hace nueve años tengo gatas propias. Y digo propias porque siempre le robaba las gatas a mi tía Hilda. El placer de la gata propia no sé si será igual al de la casa propia (porque no tengo casa propia), pero me hace profundamente feliz, al punto que ya no siento la soledad de vivir sola (vaya, redundancia). Tengo cuatro, como algunos saben. Vodka, la diosa mayor. Thelma, rubia e invasora. Betty, inspirada en una telenovela colombiana. Madonna, copia de la diosa terrenal divorciada. Amo todo lo relacionado con los gatos. Soy una gatófila. Y podría tener más, pero reconozco que nunca habrá espacio ni vecinos amables. Mi casa está llena de adornos de gatos, de libros de gatos, y de pelos de gatos.
  2. Mis libros. En una época de mi vida vendí libros. Tenía veinte años y trabajaba en El Mundo. Por amor a una mujer vendí muchos muchos libros, menos uno. Y aquí lo estoy mirando, viejo, amarillo, raspado, manchado de café. Es un ejemplar grueso de pasta marrón con dos novelas de Ernesto Sábato (El Túnel y Sobre Héroes y Tumbas) que sobrevivió a mi calentura. Mucho tiempo después volvería a vender libros. Siempre por lo mismo: una mujer. Alguna vez fui con Christian Vallejo, mi genial amigo, a Grau y Amazonas. A él también lo movía una mujer. Con el dinero ganado, Christian se daba el gusto de invitar café y tostadas, y café, y café, a una de sus chicas. Y yo podía pagar la cuenta del bar a una chica. Ya no vendo libros. Ni siquiera los que no me gustan. Ni siquiera los de Bryce. En estos tiempos compro más libros que nunca. Y debo alegrarme de ya no comprar ediciones piratas. En uno de mis libreros hay un apartado para libros de sexo que jamás pensé comprar. No porque me sobrara experiencia sino porque el sexo es mejor hacerlo que leerlo (cosas que una columnista de sexo también piensa). Mis libros van conmigo a todas partes. No hay mudanza en la que alguno se pierda. Ya no.
  3. La cama. No diré MI CAMA. No soy apegada a MI CAMA, porque he dormido en muchas camas, y me he sentido muy cómoda siempre, incluso en una que era de cemento y que estaba pegada al piso, en un hostalito de la avenida Wilson. Sin embargo, debo aclarar que me refiero estrictamente al sentido de propiedad. No he tenido una cama diez años o cinco años de largo. He dormido en muchas partes y siempre me he acostumbrado. Me encanta en general estar en una cama, hundida, sin hacer nada, oliendo a la noche anterior. Amo ese estado de medio dormida y media viva, en una cama, sea quien sea la dueña. Es posible que a esta cama que ya me aguanta dos años le agarre más cariño. No lo sé, en verdad. Cada vez que me mudo o cambio de pareja pierdo una cama y un colchón. He perdido varios juegos ya, y quizás por eso no me apego. Pero la sensación de ESTAR EN LA CAMA me parece lo máximo.
  4. Comprar. Cuando ingreso a una tienda por departamentos, a una feria o a un mercado, o cuando aterrizo en algún lugar donde haya cosas para comprar COMPRO!!! Y este es mi lado más frívolo, según mi amiga Elena. Me vuelvo el ser más frívolo y consumista del mundo. Quiero todo, y para todo habrá la excusa de ‘lo necesito’. Cuando no compro me siento triste y desconsolada. Puedo pensar dos días en lo mismo. Y no encontrar consuelo hasta que un regalo me cae del cielo. ¿Qué compro? Lo que me gusta. Puede ser tan insignificante como un gatito de felpa o tan inalcanzable como un Plasma de mil pulgadas, pero siempre moriré por una cartera y por unos zapatos.
  5. El periodismo. Empecé a trabajar cuando tenía 17 años. Desde ese día supe que no habría otro oficio para mí. He tenido bajones, épocas negras en las que pretendía abandonarlo todo y dedicarme a la artesanía. También pensé en tener un bar. También soñé con vender tacos o pizzas. Pues… Soy periodista. La mitad de mi vida la he dedicado al periodismo, y no me arrepiento. Todo lo que soy (y lo que todavía no soy) se lo debo a mi carrera, y a mis jefes que me toleraron el mal humor, las ganas de morirme, y la risa de idiota cada vez que algo salía como yo lo había prometido. Me gusta el periodismo porque me permite escribir, y a estas alturas de la vida, escribo incluso como me da la gana, lo cual ya es casi un premio. Todos los días puteo mi chamba, pero todos los días me alegro de haber cumplido mi sueño: escribir en un periódico.
  6. Internet. Estoy conectada. Sí. Siempre, o casi siempre. No estoy conectada cuando duermo. No estoy conectada cuando hago el amor. No estoy conectada cuando me baño. El resto del tiempo estoy conectada. Internet no es sinónimo de chatear para mí. En Internet está toda la información que quiero, todos los blogs que disfruto, todas las redes sociales que integro, todos los retos que me he puesto… Hasta en Internet está la mujer que me gusta. O sea…
DETESTO:
  1. A LOS HIPÓCRITAS. Prefiero que me puteen en la cara por algo que hice mal a que murmuren por pasillos y calles mis errores o mis defectos. Odio las verdades a medias. Yo soy brutal cuando hablo. Soy tan brutal que hasta me asustan mis palabras, pero no puedo ir por las ramas, no puedo dar tantas vueltas. O eres una mierda o no lo eres. Me gusta que me miren a la cara y me digan que soy una mierda. Detesto las miradas de desaprobación tan torcidas como para aparentar que no pasa nada. No tolero la actitud del ‘millón de amigos’ o ‘la amiga de todos’. Puedo llegar a ser cínica y desvergonzada, pero digo lo que siento. No me sale ser hipócrita.
  2. A LOS GAYS Y LESBIANAS DE CLÓSET. Comprendo que a veces no hay más remedio (el papá, la abuelita, la mamá), pero me parece detestable ir inventándose historias heterosexuales para quedar bien. En todo caso, me gustaría saber que algún día serán libres con su verdad.
  3. A LOS PERIODISTAS DESUBICADOS. Me refiero a esos niños y niñas que no saben nada de la vida, que ni siquiera han ido a una marcha en sus vidas, pero se sienten Truman Capote. Los miro y no los soporto. La lástima y la rabia se apoderan de mí. Ejército de bobos. Creen que el periodismo es escribir en primera persona + buen floro + un poquito de datos de archivo, o del bendito Google. Estos niños y niñas tienen look de escritores sufridos. Se lamentan de no hallar espacios para escribir, porque todos los periódicos son una mierda con eso de la cantidad de palabras, y los editores carniceros. Los chicos (as) bonitos (as) del periodismo nacional exigen, por supuesto, que la historia no solo tenga su firma sino también su fotito. Una fotito en la que ellos aparecen mirando como Truman, y en el peor de los casos como Jaime Bayly. Ah, los hay en Perú, y en Argentina, y en México… Yo conozco de casi todos los países.
  4. A LOS POLÍTICOS MENTIROSOS. Cada vez creo que hay menos excepciones. Si no son corruptos son oportunistas. No ameritan más líneas de mi parte.
  5. A LOS COBARDES. Admito que el pesimismo me gana casi siempre, pero así como me caigo hasta el tercer sótano, me levanto y soy capaz de correr los riesgos que la vida me pone. Por eso, detesto a la gente cobarde que va por la vida diciendo que no puede, que el mundo está en su contra, que la sociedad no lo deja avanzar, que su jefe es tan mierda que le impide ser creativo. Soy cobarde también, y por eso detesto a los cobardes. Uno a veces detesta lo que es o lo que no puede dejar de ser. Mil veces he dicho que no se puede. En mi vida no se puede: hacer dieta, correr, agarrar una escoba, pensar en positivo… etc, etc….
  6. A LAS CALENTADORAS. Insuperables señoritas que se han olvidado que uno tiene corazón y todo lo demás. Me refiero a esas mujeres que parecen estar dispuestas a engreírte, y hacerte cariñitos… Y digo PARECEN, porque apenas le pones la mano encima salen corriendo, diciéndote que si te besaron cerquita de la boca y se dejaron apretar fue porque te quieren como amiga. Yo no sé si la calentadora es una especie muy peruana o muy limeña, pero –sin duda- es una especie detestable. Cuando yo he besado cerquita de la boca he terminado como deben terminan esas situaciones. Nada de calentar por calentar

19 de octubre de 2008

Ella, La Otra, la geografía




Cuando Ella la besó todo siguió igual. O al menos eso le pareció a La Otra.

Cuando Ella la besó quizás el mundo podría haberse puesto de cabeza, pero la vida se detuvo en ese minuto, como si fuera una película muda donde los personajes parece que hablan, pero están llenos de gestos, a veces sin sentido o con tan forzada gracia que perturban. Así quedó La Otra cuando ella la besó. El tiempo se paralizó para recordarle que la vida era más que estar delante de una computadora escribiendo de sus miedos. La vida quizás no era esa paz boba sino todo lo contrario: La vida era un lío.

Cuando Ella la besó, La Otra se preguntó si ese beso era igual a los de antes. ¿Acaso se puede alzar la mano y robar del cielo lo mejor de ese pasado que La Otra creyó haber rebuscado (y tocado) cuando sus lenguas se encontraron?

Cuando Ella la besó, La Otra esperaba que Ella hubiera descubierto su verdad, pero Ella solo lo tomó como un beso. La Otra pensó –ilusa y estúpida- que Ella tomaría su mano y se la llevaría sin retorno. Pero Ella no tenía palabras, no tenía grandes argumentos. Solo guardó silencio. Y La Otra le dijo: “¿Tengo que abrirte el cerebro en dos y decirte las palabras que quiero escuchar?”. Ella quizás no entendió. Ella solo miró el espejo, sintiéndose indescifrable, incomprendida, indomable. Conmovida, La Otra le juró que no abriría su cerebro en dos, que no le diría las palabras que quería escuchar, que simplemente se iría, se marcharía, que seguiría probando suerte, porque el amor tendría que estar en otra parte. El amor debe estar en otra parte.

Pero cuando Ella la besó, La Otra se sintió menos cansada, menos fea, menos vieja, menos torpe, menos estúpida, menos robot, menos gorda. La Otra pensó, otra vez, en lo irónica que es la vida. Ella, la misma que la había hecho sentir justamente cansada, fea, vieja, torpe, estúpida, robot, gorda. Ella había vuelto del fondo de la mierda para recordarle que tenía mil oportunidades más en la vida.

Ella y La Otra tomaron rumbos distintos, como ya es la costumbre.

Ella jugando a jugar, mientras La Otra se hundía en su rutina de éxito, pensando que el amor está en otra parte, quizás –sí quizás- en la geografía de Ella, o quizás en un territorio todavía desconocido.

16 de octubre de 2008

Síndrome premenstrual

(Vodka, y esa clásica mirada que interpreto como fría y distante durante esos dìas)

Una de las situaciones más difíciles de ser mujer y amar a una mujer es la bendita regla. Bueno, quizás no la más difícil sino la más incómoda. Y no me refiero al suceso mismo sino a los previos, al llamado y temible síndrome premenstrual.

Yo no quiero mucho a mi chica en esta etapa, pero seguro que mi chica me quiere menos cuando anuncio que se me viene la semana premenstrual. Y es que es la semana más triste, devastadora e insoportable de mi existencia, una tristeza irritante y demoledora que no tiene nada que ver con el corazón, con problemas económicos, aburrimiento o estrés. Es una pena sin sentido, sin lógica y sin razón.

Son siete días de agonía + cuatro en rojo + tres para recuperar las fuerzas. Pierdo 14 días de mi vida en lamentos. Si comienzo a multiplicar podría empezar a llorar, y adelantarme a la semana premenstrual.

Pero vamos por partes, porque la regla se nos viene en cámara lenta. Por lo menos, a mí. Primero sientes un ligero frío en los pies, luego un cosquilleo en la espalda que no significa “tengo ganas” sino “se me va a romper la columna”. El cabello se te reseca e increíblemente no hay cepillada que te lo deje suave, liso, ondeado o radiante. La panza se te hincha. Y te preguntas por qué diablos te sientes más gorda si vienes comiendo menos. Hay ocasiones en los que me han dados horas continúas –¡doce horas!- de estornudos.

Y ni qué decir de las tetas. ¡Ay, las tetas! Si normalmente disfruto que me las tomen –fuerte o suave, no importa- en esta semana puedo morder a la primera que se aproxime a ellas. Porque las miradas femeninas sobre mis tetas en síndrome premenstrual me duelen profundamente, y no hay Ponstan, Alidol o lo que se me ofrezca para quitar tanto malestar.

-¿Y por qué te duelen las miradas?-, me preguntó una amiga, mientras yo hundía la cara en mi almohada. Y yo pensé lo que en ese momento no le dije: “Me duelen las miradas porque en este instante en lugar de mirármelas me las podrías estar acariciando, pero me he declarado INTOCABLE”. Cuando estoy con la regla nadie me aguanta, pero en primer término no me aguanto yo, pues ideas terribles pasan por mi cabeza. He aquí algunas:
  • Mi gata no me quiere tanto como yo creo. En el fondo solo espera que coloque las galletas en su plato y que mueva mi humanidad de la cama para que ella se estire.
  • La fidelidad de los últimos dos años y algo es la razón de mi gastritis.
  • Una mano extraña ha movido el cielo para que ocurra una turbulencia en un vuelo Madrid-Lima, con la única finalidad de retrasar mi salida del periódico.
  • Alguno de mis ocho redactores sigue creyendo que soy una bruja, a pesar de lo mucho que he controlado mi carácter.
  • Estoy afrontando una de las más graves crisis de pareja. Y creo que de esta ya no salgo.
  • He perdido mi capacidad para conquistar mujeres. Es decir, si ella me deja me demoraré bastante en conseguir un consuelo.
  • Ha llegado la hora de replantear mi vida y de pensar que hay muchas cosas que estoy haciendo mal.
  • Tengo 33 años y mi futuro profesional se presenta incierto.
  • La menopausia está más cerca de lo que cualquiera podría creer.
  • He perdido el deseo sexual.
  • No miro tetas ajenas. Ahora las envidio, porque seguro que no están en la pre regla y seguro que sí se dejarán tocar.
  • Ha llegado la hora de vivir en pareja. Unas veinte veces al día toco el tema con mi chica. Ella todavía se lo está pensando, y yo –casi jalándome los cabellos- pienso que si no es mañana la relación se va al tacho.
  • Recuerdo un capítulo de LWord en el que una de las chicas se olvida de medicar al gato de Dana. Mr. Piddles murió. Pienso que mi chica puede ser tan mala como esa mujer. La chica tenía rulos. Y mi chica también. Pienso, pienso… (No me identifico con la serie, pero tengo una barrita a la derecha con imágenes de You Tube. ¿Por qué? Porque me contradigo todo el tiempo… Ah, y si el nombre del gato no se escribe así me disculpan).
  • Ha llegado la hora de comprarme la casa, porque de lo contrario habré fracasado.
  • Estoy a un paso de deprimirme en serio, como aquella vez. Este vacío es el comienzo de la depresión, carajo.
  • Concluyo categóricamente que no tengo buen sexo y que mi pareja está fallando porque yo soy la mejor.
  • Pienso que estoy afrontando una mala racha, acaso la peor de la vida.
Pensamientos nefastos como estos pasan por mi cabeza durante la semana
premenstrual. Los cuatro días en rojo se van entre pastillas de colores, té caliente, y una bolsa de agua hirviendo. Los tres días siguientes son para pedir disculpas por todas las bobadas que he dicho recientemente, por los malos pensamientos, los deseos suicidas-homicidas, y la rabia innecesaria. Paso 168 días sentada sobre mi síndrome premenstrual. El resto del año me estoy cagando de la risa.

Síndrome premenstrual le llaman. Y yo espero que sea solo eso.