
Nos reunimos cada cierto tiempo. Yo soy la única lesbiana del pequeño grupo. Ellas hablan de sus novios-maridos, y yo de mi novia, de mis ex novias y en casos extremos también hablo de mis futuras novias. Ellas y yo analizamos las cosas más estúpidas y lúcidas, pero, sobre todo, chismeamos del mundo entero. Cervezas, ron o vino acompañan la noche.
En una de esas reuniones se produjo este diálogo:
-¿Te acuerdas de X?
-Claro, ¿qué le pasó?-, pregunto, interesada.
-Se volvió lesbiana-dice mi amiga.
-¡Nooooo…!-, exclama la audiencia entera.
-¿Cómo así?-dice alguien. Y pienso que es la misma pregunta que algunos hacen cuando te dicen que el señor tal se hizo evangelista, mormón o budista.
-Pues nada. Se volvió lesbiana. Se enamoró de una mujer, y está feliz-responde la autora del chisme.
Recuerdo a la señorita X con cariño, y casi podría relamerme los labios. Era el culo más bonito que circulaba en las redacciones de los 90, cuando yo era practicante de periodismo, y miraba los culos con timidez de lesbiana recién estrenada. Solía enterrar los ojos en mi libreta de notas, y apenas los alzaba para confirmar que seguía allí.
Todos coincidimos en esa época: era el culo más bonito del diario. No sé qué fantasías me perseguían en ese tiempo, pero la señorita X era heterosexual y yo no era mujer para esas batallas, así que me fijé justamente en una chica sin culo, a la cual quise durante tres meses intensos. El culo y el lindo rostro de X pasaron a un segundo plano. Ojo: segundo plano no significa olvido.
Pero a lo que voy en este post es a un tema serio: ¿Te enamorarías de una chica heterosexual? Me lo han preguntado muchas veces, y siempre respondo lo mismo: “No”. Como si una pudiera dominar su corazón, yo respondo que No, pero debo decir que hasta hoy no me he enamorado de una chica heterosexual.
Puedo ser persistente, dulce y tener toda la paciencia del mundo con una chica lesbiana que ni siquiera me sonríe (aunque casi siempre prefiero lo seguro), pero con una heterosexual retrocedo, corro y me concentro en cualquier tema. Quizás porque me asusta sufrir la indiferencia de una mujer que jamás amaría a una mujer. Con una lesbiana, al menos, tengo el consuelo del ‘pudo ser’.
Pero lo ocurrido con la señorita X me hace pensar que quizás he vivido en un error, como descubro todo el tiempo.
Cuántas mujeres heterosexuales he descartado de plano solo por miedo a enamorarme, a sufrir, a verlas casadas con un hombre, a imaginar que el día menos pensado llegarán a casa para decirme que “no puede ser”. No, yo no he querido vivir esas historias, y por eso he prohibido a mi corazón y a mi cuerpo encandilarse con una chica straight.
Todas mis mujeres han sido lesbianas convencidas. He competido con mujeres por el amor de una mujer, pero no con hombres. Y es que un hombre no es solo un hombre que quizás les brinde placer y amor. Para esas chicas que caen en una experiencia lesbiana y luego recuperan ‘el sentido’, un hombre es el pasaporte a la ‘normalidad’, la mejor forma de borrar ‘aquello’. Un hombre les dará apellido de casadas, hijos y una familia (feliz o infeliz, no importa). Claro, siempre habrá excepciones, siempre habrá chicas que –pese a su experiencia lésbica- terminan amando a un chico.
Hoy veo que también pasa que después de muchos años de casada, una mujer puede encontrar el amor y las ganas en una mujer, una mujer que quizás supo seducirla o que quizás llegó en el momento clave en que se toman las decisiones de ese tipo.
Estrategia y paciencia me han faltado cuando una chica heterosexual se ha cruzado en mi camino. Hoy creo que ha sido miedo lo que me detuvo, el mismo miedo que me causa una chica bisexual. Llámenle cobardía también.
No quiero, de todas formas, caer en la danza de los quizás y de los hubieras… Si quizás la hubiera invitado a salir, si quizás le hubiera dicho que su cabello es muy lindo, si quizás le hubiera escrito una carta de amor, si quizás la hubiera besado cuando puso su cara muy cerca de la mía, si quizás, si quizás…