
No seré como Renato, a quien mi novia lee más que yo. No diré que me voy, para nunca irme. No inauguraré segunda temporada. Simplemente cuando me vaya no habrá más post y punto. Lamento haberlo dicho en una anterior oportunidad, casi me sentí como el buen Renato al leer por allí a chicos como Jaime y Fabricio, recomendándome que no cierre el blog. Jaime y Fabricio, mis ex alumnos y buenos lectores.
No busco novia, porque ya la tengo, así que seguiré adelante, con estos relatos que leen los que me quieren y los que me odian. Es cierto que ahora me pienso cada palabra y no sé por qué. Asumo que es solo cuestión de tiempo. Por lo pronto, respondo aquí algunas preguntas de los últimos días.
Alguien me dijo que para qué diablos tenía un blog. No era mejor un diario, más íntimo, más romántico, más de uno. Seguro que sí. Pero yo nunca tuve un diario, porque mi mamá lo iba a leer y eso me aterraba. Ahora, por supuesto, mis intimidades -como alguien califica cada post- son públicas. Pero mi mamá no las lee, porque mi mamá es anti tecnología, como era yo antes de enamorarme. Me obsesiona el blog porque es una manera de decirle a unos pocos lo que piensas sin necesidad de tener una columna, un pequeño espacio en una revista o cinco minutos en un programa de radio. Y me provoca a veces decir que fui al psicólogo, que tuve depresión, que Lima me asfixia, que si algún día me caso me casaré con una mujer, y etc blabadas (como dice un amigo) que por allí llaman la atención de alguien tan desesperado por hablar sin hablar como suelo ser yo.
Mi novia me ha dicho que piense bien lo que escribo, porque nunca se sabe con que fines otro lo podría utilizar. Y lo estoy pensando claro. Trato de ser lo más cuidadosa posible, menos descarada quizás, pero no me gusta sentirme con una camisa de fuerzas, y acabo escribiendo lo que me da la gana. ¿Acaso para eso no sirve también un blog?
Una de mis amigas me ha preguntado por qué mi blog es tan huachafo. Por qué ese verde tan -llamémosle- alegre. La respuesta es que las paredes de mi sala-comedor son del color de mi blog. Y no sé por qué me gusta tanto ese color. Soy estridente así no hable. Otra amiga me ha preguntado por qué mi blog es tan lesbiano. Y le digo que porque soy lesbiana, cuál es el problema.
Una persona -llamémosle- seria me dijo que mi blog era bastante zanahoria. No hay sexo explícito, aunque en la cúspide del escandalete ese más de uno pensó que este lugar era el mural de mis orgasmos. Pues no. Es zanahoria. No hay sexo triple X y quizás por eso se llama también ... o no sex, pero a una le hacen mala fama.
Mi novia dice que es algo infantil por el gatito y otras tonterías que descubrí navegando obsesivamente. Y es infantil porque yo también lo soy, aunque no se me note. El estrés me aniquila.
Mi novia dice que es algo infantil por el gatito y otras tonterías que descubrí navegando obsesivamente. Y es infantil porque yo también lo soy, aunque no se me note. El estrés me aniquila.
Un lector que me sugiere cerrarlo me escribe: Dios perdona el pecado, pero no el escándalo. No me siento aludida. Las cosas se dieron porque tenían que darse. He vuelto a las sombras y soy feliz.
Este fin de semana estuve muy cómoda en Ayacucho, pensando en qué iba a escribir, pero el sueño me atrapó y dormí, dormí y dormí. Estoy casi renovada, pero sé muy bien que en unas horas la rutina me asfixiará. De solo pensar en mi agenda de mañana me da ganas de seguir en domingo, y eso que los domingos no me gustan, porque se acaban muy rápido y ya es lunes.
Ya es lunes.