
Tengo una nueva mochila. En este instante la puedo ver al lado derecho sobre la mesa del comedor. Si la abro puedo encontrar mi notebook, mi neceser (miren lo femenina que soy, por si alguien pensó alguna vez que yo era una chica ruda) y un libro. Allí mismo se confunde mi pasado, mis heridas, mis manías, mis tristezas, mis obsesiones... Todo lo que habitualmente es una carga se instala hoy en su espacio natural: una mochila.
Es mejor tener aquello en una mochila, a la espalda, atrás de todo. Si esa mochila camina delante tuyo simplemente no podrás avanzar. Te quedarás inmovil, preguntándote para dónde diablos correr.
Luego de varios días impresentables, en los que podía pelear con todo el mundo menos con mi gata -que lejos de consolarme me ignoró- respiré hondo y decidí colocar esa 'carga' en una mochila y seguir mi camino. No me queda otra: hay asuntos más importantes que atender.
Dicen que a eso se llama "evasión". No lo sé. Pero llevo días repitiendo esta frase: "Me muero, pero no me mato". ¿De quién es esa frase? No lo sé. Me resisto a creer que yo la inventé, seguro que como Bryce (*) la he plagiado de algún lado. No lo sé. La sentí, la recordé, la instalé en mi cabeza, y la coloqué en mi nick del MSN (ahora chateo, chateo, chateo).
No entiendan la palabra MUERTE de manera tan exacta, please. Yo soy una cobarde: tan maricona que hasta lloro como la Chilindrina cuando me sacan sangre para un análisis/ tan miedosa que no podría cambiar los focos (bombillas) de mi casa, incluso estando a oscuras porque temo un cortocircuito / tan cabra loca que cruzo la pista corriendo por miedo a ser atropellada/tan asustadiza que no me gusta que la gente deje las velas encendidas/ tan tantas cosas que cuando ocurrió el terremoto en Lima yo rezaba por mi vida aferrada a una columna... No quería morirme en ese edificio viejo, lejos de mis amores y de mis gatas. Mientras mis compañeros de trabajo buscaban salir, yo me resignaba a morir, pero miraba a los lados a ver si alguien me salvaba. Y alguien me jaló, y aquí estoy. Igual, no hubiera muerto. Aunque quizás el susto y haberme quedado sola en ese edificio me habrían provocado un infarto.
- Resumen 1: Cuido mi pequeña vida.
- Resumen 2: No me quiero morir.
- Resumen 3: No matarme, pero morirme es un nefasto "estilo de vida" que muchos experimentan, pero no admiten. Sea cual sea la actitud frente a esta circunstancia, lo cierto es que no vale la pena ir tan de malas.
La palabra morir entonces es relativa, tan relativa como cuando te provoca decir: "Yo, por esa mujer mataría".Yo no he matado a ninguna mujer para tener a otra. Al menos, no lo recuerdo. A los 34 aparecen los primeros signos del olvido. Ojo: los primeros signos del olvido, y no el olvido pleno, privilegio de los muertos.
(*) Bryce: Noble escritor peruano que ha optado por plagiarlo todo. Nunca me gustó su obra, pero me parecía buen tipo. Su aire de triste y su gusto por la bebida me causaron simpatía siempre. Hoy me pregunto si aquella estampa es también una copia.