
Ya la tuve señorita K, a su novia ya la tuve. La tuve tantas veces que no me provoca una más, ya fue demasiado, demasiado dolor, demasiada angustia, demasiado desamor, demasiada inversión (del alma y del bolsillo).
Hace muy poco le dije a mi ex, su novia hoy: “Imagina que he muerto”. Le pedí también que hiciera saber a su familia y amigos que yo, la estúpida que una vez la amó, había muerto luego de más de una década de padecimientos que, por supuesto, yo propicié con mi absurda esperanza de ganarme su corazón de hielo.
“Ese plato ya me lo comí”, respondió la diva Gisela Valcárcel, cuando todos le preguntaban por su ex estrenando mujer. La noche que la escuché, confieso, se me electrizó el cuerpo. Recién esta tarde tuve ocasión de pronunciar esa frase al colgar el celular. Me transformé en Gisela. Vulgar, torpe, elemental, despechada, la frase me parece grotescamente sincera.
Ya le dije señorita K que no se preocupe por mí. Yo ya no existo. Yo, otra vez como tantas, me convencí de lo miserable que podría ser mi existencia al lado de ella, la mujer que ahora le jura amor, un amor del tipo “te amo, pero no tanto como tú”.
Le recomiendo que la engría, que la amarre bien, que no la descuide y, sobre todo, no pretenda que la quiera como usted la quiere ahora. Si ya eligió su destino confórmese con lo que le dan: un amor limitado, un amor con deuda, un amor al que le falta amor para escribirse con mayúsculas. No importa. ¿Sabe? Sí se puede vivir con eso. Acepte su historia, no busque problemas, no se pregunte si yo significo algo. Yo, la verdad, no significo nada, y no quiero significar nada.
La última vez, hace muy poquito, en ese tiempo que pretendió hacerme creer que yo era su amor, a usted le decía: “Estoy confundida, dame tiempo”. Bueno, la estrategia funciona. Yo le dije adiós. Y ella fue a su encuentro. Que no le cuenten otras historias, o que no le arreglen las historias. O crea las historias que quiera. Eso también hice yo, y puede funcionar.
Aproveche señorita K. No vaya ser que otra se le cruce en el camino. Cuando yo pensaba que no había otra tonta capaz de amar a esa mujer apareció usted y se enamoró. ¿Cuántos litros de lágrimas ha invertido en ese amor? No lo sé, pero me temo que usted y yo nos parecemos en algo: la autodestrucción. Posiblemente, somos brillantes en el trabajo, pero…¿en el amor?
No la conozco y no quiero conocerla señorita. Le agradezco que me tome la posta con ella. Cuando su próximo cumpleaños llegue, y los 40 años, y la mala vida causen estragos, usted estará allí a su lado. Me ha liberado de la carga, de pensar si era necesario acompañarla en caso de que una desgracia o una pena la visite. Usted me ha liberado. Hoy sé que usted se hará cargo, usted la cuidará, usted pagará las cuentas, usted alimentará a la perra y a la gata que quedaron en mi otrora casa... Usted ganó.
Felicitaciones sinceras.
Conmigo no hay por qué preocuparse. Yo he muerto.
En la vida de su ahora novia yo no estoy. Me fui hace mucho. Y su novia le habrá dicho que ella y yo ya ni siquiera tenemos un tema en común de conversación que no sea el pasado, maldito pasado que tanto dolor me ha causado.
R. es la mujer que quiero. Así pelee todos los días con ella, la quiero a mi lado. R. tiene virtudes que día a día descubro, pero –sobre todo- me dice te amo mirándome a los ojos. A R. jamás se le acaba la batería del celular. R. siempre contesta el teléfono. R. es tan imperfecta como yo, pero es la mujer que quiero, la que ha estado conmigo en estos casi tres años, la que me ha esperado en el aeropuerto con flores y los ojos brillando, la que me ha llevado de vacaciones, la que me da regalos, la que no se queja jamás de mi pierna pesada sobre su cuerpecito.
R. no quiere mucho a Vodka, pero me adora y está en mi cama, y ha estado cada vez que me caía, cada vez que la depresión me hundía. Su novia no estuvo aquí, así que tranquila, quédese tranquila.
No quiero un duelo con usted. Ya he tenido duelos absurdos por su ahora novia. Le ruego que no marque mi número de celular, que no comente este post, que no lea mis historias repartidas en todas partes, que no compre mi libro, que no sufra en vano.
El camino es suyo K. Ese plato ya me lo comí, y ya no quiero repetición. Ya no.
PD: No me clave alfileres, no me lance maldiciones, no busque chamanes, no me haga brujería, no me lance sus peores deseos. Reitero: el camino es suyo. Yo no soy su rival.