27 de noviembre de 2007

No más soledad al cuadrado

Fue como caer sobre la pista y mirar las combis a punto de arrollarme. Solo entonces, sobre el pavimento, desperté de una prolongada pesadilla, absurda y devastadora. ¿Tenía otra oportunidad al lado de la persona más hermosa del mundo o ya era demasiado tarde? Uno nunca sabe cuándo es demasiado tarde. De pronto tú estas corriendo en una competencia diferente y esa persona que te amó tanto ya dejó de hacerlo y te dice que la tienes harta, que no soporta más tus estupideces, que se pasó de masoquista, que todo tiene un límite. Justo ella dice esas cosas cuando a ti se te ocurre que ya no volverás a mirar el pasado con nostalgia, cuando descubres que perdiste muchísimos días y años en esperar lo que jamás existió. Yo he prometido no volver sobre mis historias del pasado. Seré el presente con ella y mi futuro se escribirá a su lado. Yo solo quiero una oportunidad en la vida. Ya pagué todas las cuentas que tenía con la vida, ya la vida se vengó por todos los cuernos que puse, por todos los corazones que derrumbé. Ahora solo quiero una oportunidad.
No voy a rezar ni voy a llorar. Solamente seguiré el rumbo del amor, esperaré el día de mi cumpleaños con la esperanza de disfrutarlo de verdad, como hace mucho no me pasa. No me compraré una fiesta como en otros años. No me compraré un regalo y se lo daré a otra para que siquiera lo envuelva. No, ya no.
Solo quiero estar tendida en mi cama, sintiendo su calor, mirando sus ojos que sí me aman, poniendo mi pierna sobre la suya, durmiendo en su pecho. No espero más que amor al cuadrado. Hace unos días escuché esa canción de Sabina y Paez en la que ambos dicen: dormir contigo es estar solo dos meses/ es la soledad al cuadrado.
Hace seis años o más canté esa puta canción, convencida de que me había condenado a un falso amor. Seguí, y seguí cantando las mismas tristes canciones, con la soledad y la pena al cuadrado. Ya no quiero más eso. Es una promesa. Es un compromiso. No seré más ese ser triste y estúpido que durante años se impuso a la mujer alegre que alguna vez fui.
De aquí en adelante no lloraré más y si lloro espero que sea por una buena causa, y no por tantas tonterías como las que marcaron mi descalabrado y nada admirable pasado.
Simplemente quiero ser feliz. Una vida sin soledades al cuadrado, sin falsas ilusiones, sin amores al paso para llenar lo que no me llenaba. Ya no más.
En unos días cumpliré 33 años. Y me llega esta edad con una persona excepcional a la que no quiero perder, por la que ahora debo de luchar porque la he cagado demasiado. Pero tiene mi corazón y tiene la fuerza que me ha dado haber caído hasta lo más hondo del túnel.
Yo no quiero más depresión, más pastillas para la pena, más pepas para el insomnio. No quiero recetas ni terapias. Yo quiero caminar de largo y sin miedo, pero a tu lado.
Nunca fui una piedra, me quebré tantas veces y cubrí mi dolor con risas que no eran mías, con juergas que nunca me hicieron feliz, con letras de ficción que me comieron entera hasta el punto de convertirme en el más sórdido de mis personajes de cuentos impublicables.
Ahora quiero recuperar cada instante perdido.
Ya serán dos años desde que la descubrí, o mejor dicho desde que nos descubrimos. Ha pasado de todo, me ha soportado más de lo merecido y no tengo muchas palabras, porque cuando la tengo al lado solo quiero sus besos, su protección, su amor desmedido y su ley.
De rodillas, como debe estar uno cuando solo mete la pata, le pido que me brinde una oportunidad.

(Sé que me dirás que sí amor, pero solo ruego que tu amor por mí se haya mantenido intacto en medio de esas tormentas que te hice pasar. Que nada haya cambiado ese sentimiento inmenso que me lo gané, porque me lo gané. Al comienzo no me querías nada y ahora sé que me amas, que me adoras... Y si dices que No, miraré a tus ojos y sabré que tu corazón es mío, que ya no puedes seguir sin mí. Pero sé también que por más amor que me tengas sabrás mandarme a volar si te sigo hartando, así que te juro que ya no más, ya no más penas... Dame tu mano y ven conmigo)

22 de noviembre de 2007

Dice mi mamá

Llama mi mamá. Entre otras cosas acaba preguntándome lo que siempre tuvo en la punta de la lengua: "Podrías recuperar tu vida normal, la de antes...". Se remonta a aquellos días en los que tenía 18 años y había escogido el camino aparentemente correcto: el camino de ir por la vida con chicos. Eran días en los que no conocía el sufrimiento. Mi único estrés se reducía a esconder al novio, pues a mi mamá no le gustaba. En esos días yo no conocía como hoy el estrés, tampoco conocía el amor, el desamor... Todo era como un mar quieto, sin sobresaltos, sin angustias... O quizás todo fue en menor medida. Hoy, a los 32 años, mi vida se ha desbarrancado y ha surgido de las cenizas. Mi pareja no quiere que escriba cosas feas. Y le haré caso, porque cada palabra revela una herida abierta, un odio malsano, una rabia criminal. Así que tendré buenos modales, conservaré a mi chica con uñas y dientes, y dejaré el pasado atrás.Simplemente quiero decirle a mi mamá que con esta opción no hay vuelta atrás. Las mujeres, mamá, (y te incluyo y me incluyo) somos unas desgraciadas cuando amamos mal o a medias. Yo quise y me quisieron mal. Cuando no quise me quisieron bien. Pero en eso radica el encanto de las mujeres. Que lo digan los hombre sufrientes, que lloren en mi hombro, que se quiebren, que chillen...Amar a una mujer es un drama. Las mujeres somos antipáticas por naturaleza, caprichosas por vocación, engreídas porque el cuerpo nos lo pide... Somos encantadoras, multiorgásmicas y capaces de fingir orgasmos cuando la ocasión lo exige.
Amo ser mujer, aunque a veces despierto con la loca idea de tener bigotes, un pene y una corbata color oro viejo. En fin, eso será motivo de otro blog. Yo solo quería decirle a mi mamá que ya no lloraré más, que he iniciado mi propia terapia para no llegar a los cuarenta con un mal recuerdo tatuado en la piel... Quiero decirle a mi mamá que otra vez me daré la oportunidad de ser feliz. Con una mujer.

13 de noviembre de 2007

pasado


¿Se puede borrar el pasado? Desesperada, el otro día, mientras escribía para el diario le hice la pregunta al psicoterapeuta, que desde su celular, buscaba las frases exactas para calmar el dolor de aquellos que no podían olvidar. Entre esos aquellos, por supuesto, me encontraba yo. ¿Dame la receta?
Dice el DOC –que sabe, porque para eso ha estudiado – que el olvido es imposible. Olvidar es sinónimo de amnesia. Y la amnesia no es un estado óptimo. No se puede olvidar. Lo que uno puede y debe hacer si desea curar las heridas es aprender a despedirse, decirle adiós a un amor, a un pedazo, a un trozo de tu vida que resultó chamuscado porque el destino así lo quiso, porque a ti te dio la gana de destruirlo, porque el mundo se encargó de dinamitarlo. Yo que sé. Lo cierto es que el pasado está allí, y te duele cada día, te quema, te tortura.
Técnicas para olvidar iba a ser el título de mi columna de sexo. ¿Y eso qué tiene que ver con el sexo?, preguntaría mi director sin ninguna duda. Entonces tendría que explicar que sí tiene que ver. Porque cuando una va con ese lastre encima simplemente ni gozar puede. La columna no se escribió nunca, porque yo no encontré las técnicas para recomendar. Tampoco hallé al experto que me convenciera. Tampoco ubiqué la música que me ayudara a olvidar. Insistí en mi tesis del clavo saca otro clavo, porque aunque nunca me funcionó, confío en que algún día de estos funcione.
Pues ha pasado el tiempo y estoy aquí, a las tres de la mañana, buscando una solución a esta historia que no concluí.
Y casi he hallado la solución, y la pondré en práctica: Inventemos otra vida.
Mañana, al despertar, seré otra mujer. En primer lugar sonreiré, dejaré de exhibir al gran público mi torturada cara de desencanto y dolor. En segundo lugar, pasaré más tiempo en la ducha, disfrutando el agua en mi cuerpo. Dejaré de correr, de mirar el reloj, de tener los celulares a la mano, de esperar que me llamen del trabajo, de aguardar un S.O.S. de la luna. Yo simplemente me bañaré, y sonreiré. Porque el comienzo de una nueva historia empieza diciendo adiós a esos hábitos nocivos que has cargado una eternidad.
No puedo prometer que dejaré a Sabina, Calamaro y a Chavela Vargas, porque sería traicionar mi esencia, lo poco que queda de mí después de esa catástrofe que viví. Iré al trabajar, pensando que no trabajo para vivir, sino que vivo, y entre otras cosas trabajo, leo, estudio, me tomo unas cervezas. Dejaré de creer que el mundo se me cae porque un periódico me ganó la noticia. Ya les ganaré yo. Y aunque esto no significa que perderé mi calidad profesional asumo que cambiando esta forma obsesiva de ver mi trabajo me estresaré menos, descargaré menos iras y lloraré menos en silencio.
Me dejaré amar de quien me ama, y amaré más a quien tengo a mi lado, aunque siempre el pasado me persiga. Disfrutaré lo que tengo al lado: mis cuatro gatas, mi cama, mi ropa vieja, mis ceniceros, mis fotos, mi celular con cámara, video y Mp3, mi manual para aprender a manejar, mis libros de toda la vida, mis latas de cerveza vacía, mi cuadro del Che, mi espejo de gato, mi ventana con falsa cortina…
Dejaré de quejarme. Lo prometo. Seré una lesbiana feliz. Me inventaré una historia mejor, no permitiré que el pasado me arrase, y afrontaré mi suerte con más optimismo. Si tengo que mirarle la cara al pasado lo haré hoy mismo, sin resentimientos, sin dolor, sin afán de víctima, sin añorar lo que no fue. Siempre queda un buen recuerdo, ese recuerdo estará aquí. Mi presente es una historia que se sostiene en un alfiler, pero está allí: limpio, puro, sin mancha. Quiero vivir, quiero inventarme otra vida y dejar de pensar en la muerte como la salida más fácil.

16 de octubre de 2007

LEE


Ya quisiera tener la suerte de algunos. Dormir, comer rico (no engordar), y no trabajar. De vez en cuando escribir algo que me provoque, y tomarme unas cervezas sin pensar en resacas. Ya quisiera tener la suerte de algunos que no piensan en el mañana, que no temen la muerte, que no se agotan nunca, que viven la vida sin mirar atrás.
Los años me han enseñado a pensar demasiado, y no sé si eso es bueno o malo, solo sé que ello no es tan saludable. Te duele la cabeza, y se te quiebran las fuerzas.
Estar bien es un objetivo, una meta diaria. No es fácil vencer el estrés y la pena. No es fácil llevar por la vida una sonrisa. Hay tantas cosas que impiden a uno sonreír. He aquí las cosas que odio las 24 horas del día.
-Los taxistas. Nunca quieren ir ni a la esquina, nunca tienen sencillo, cobran lo que les da la gana y encima no se toman la molestia de limpiar su carro.
-Las cajeras (De Metro, Tottus, Wong, Sodimac, Ace, Ripley…). Sonríen y son inútiles por naturaleza. Quisiera que las más guapas sean la excepción, pero no puedo. La estupidez que ostentan me nubla la visión. De pronto, dejo de mirar el escote de sus blusitas y me pregunto por qué no tengo una pistola y les perforo el corazón.
-Los guachimanes. Siempre tan pegados a la letra. Odio que me pidan abrir mi cartera y a la hora de la hora ni siquiera husmeen bien. Jamás se dan cuenta de que llevo una bomba.
-Los gordos y las gordas. Ya suficiente conmigo. No soporto gordos en las colas, gordos en la combi, gordos en el trabajo, gordos en la calle… No tendría un (a) gordo (a) en mi cama. Y si alguna vez lo tuve, fue ayer y no me acuerdo.
-Los que tienen un celular más bonito que el mío. Los envidio terriblemente. Ruego que se les raye la pantalla como a mi se me rayó, que alguien se los arrebate en la avenida Emancipación, que se les pierda (y caiga en mis manos)… Ruego que mi celu no pase de moda, pero ya está pasando.
-Las parejas tacañas. No soporto que no me den regalos, que no me compren tonterías, que no me paguen el taxi de vez en cuando, que siempre digan A MEDIAS, como si esa palabra pusiera fin a su absurdo ahorro.
-Los que recuerdan hazañas de antaño. Esos que viven del pasado (como yo), contando lo que hicieron y dejaron de hacer, como si todo tiempo pasado fuera necesariamente mejor.
-Los que tienen más amigos y vistas en su HI5.
Ah.... Odio a Alan García, odio a Pilar (por los cuernos), odio a Daysi Ontaneda (por arruinarle la vida a Paula Marijuán), odio a Rosa María (por asumir que su programa es un juzgado con reos en cárcel), odio la voz impostada de las reporteras de la tele, odio la voz agitada de los reporteros de la radio, odio a cierto tenor y a cierto personaje de la Gran Sangre, al cual no encuentro gracia. Odio las grabadoras, amo mi Mp3, pero quiero uno mejor, por eso lo estoy odiando en estos días. Odio mis carteras, porque nunca son lo suficientemente grandes, y cuando son grandes son insoportablemente feas.Odio mis zapatos porque nunca duran. Odio mis sortijas porque se me pierden. Odio que mi gata más querida me mire, a veces, con odio.

18 de julio de 2007

Siete razones para salir del clóset


1) Para sentirte cien por cien libre.
2) Para que ninguna desgraciada (o) te chantajee.
3) Para que puedas mirar a los ojos a cualquiera sin miedo a que te descubran.
4) Para no ir por las ramas cuando tienes que hablar de amor.
5) Para no inventarte novios o novias de vez en cuando.
6) Para no dar explicaciones por tu prolongada soltería.
7) Para no inventarte viajecitos a Chaclacayo cada vez que te provoque pasar un fin de semana con tu amor.
(La ilustración es de la brillante Sheila Alvarado)

15 de julio de 2007

Siete razones para ser infiel





Querer sentir que no estás tan mal, a pesar del paso de los años (que no perdonan)
Querer probar carne nueva antes de que te aplaste una combi.
Querer escribir un libro sobre tus aventuras sexuales.
Despertar los celos en tu pareja.
Tener algo que contar.
Buscar a la mujer perfecta.
Acumular material para mejores (y más) sueños eróticos.

La invasión de los BI

Te gusta la fresa y el chocolate. No te pones de acuerdo, convencido ya que dos son tus sabores. Ser bisexual es lo más 'in' en estos tiempos. Dicen que disfrutas más y mejor, lejos de los extremos y de los corsé de la homosexualidad y la heterosexualidad. Eres un chico o chica de temporadas. Tienes tu temporada lésbica, tu temporada 'straight' (hetero), tu temporada 'mix' (días gays, días heteros.), tu temporada 'vale todo'.No soporto a los falsos BI. Creo que mi bifobia nació en el Downtown de Miraflores, point de ambiente invadido de chicas y chicos preciosos que se ponen zapatos y sonrisas BI para sentirse estrellas por unas horas. En Asia -Eisha, para los que se alucinan 'in'- nos topamos con gentita BI dispuesta a hacer notar el sello BI. En Lima, la bisexualidad ha comenzado a abandonar su estado invisible. Algunos BI creen que el beso entre Madonna, Britney y Cristina Aguilera marcó un antes y un después. Este podría ser el lado más frívolo del asunto. Es absurdo que las celebridades marquen hasta tu pauta sexual. Sin embargo, no podemos dejar de aceptar que después de un gran destape viene otro y otro. No estás en la pantalla grande, no hay alfombra roja y no tienes la boca de Angelina Jolie, pero te provoca dejar el mundo de las apariencias. Y aquí no cuenta la boba moda del Downtown o de Asia. Aquí cuenta que ya te cansaste de dar explicaciones sobre por qué pasaste dos años con un hombre, pensando hasta en casarte, para luego andar por la vida con una amiga que -de la nada- acabó siendo tu MEJOR AMIGA. Y quién sabe lo que vendrá después, pero te calientas cada vez que un chico guapo cruza tu horizonte visual. Eres bisexual, y qué.


El sociólogo Martin Weinberg explica que una persona es bisexual cuando siente atracción sexual por ambos sexos. En su investigación Atracción dual, Weinberg concluye que buena parte de bisexuales es casada. La típica doble vida. Esta preferencia sexual sigue siendo motivo de estudios e investigaciones. Hay quienes creen que simplemente se trata de una homosexualidad en la que vale todo, hasta el desliz de una temporada 'straight'. Algunos expertos afirman que el hombre bisexual es, en el fondo, un homosexual que se niega a admitir su opción. Las mujeres bisexuales, en cambio, serían heterosexuales que están explorando nuevas fuentes de placer. No hay consenso, pero se advierte que el bisexualismo es un comportamiento más común que el homosexual. Lo menos frecuente en estos tiempos es que alguien sea exclusivamente homosexual. w w wLos bisexuales son uno de los grupos de mayor riesgo en cuanto a Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) y Sida. Quizás porque, cuando uno es gay o hetero, su entorno lo sabe y lo tiene clarísimo. El bisexual mantiene esta preferencia en privado. Nadie sabe nada hasta que llega el día de la revelación, el cual -además- puede ser después de varias copas encima. El sexólogo chileno Antonio Salas describe al BI como una persona que no tiene los objetos claros en su cabeza, que busca tapar esta condición y no la reconoce por un tema moral. Hay demasiados prejuicios en torno al mundo BI (www.opcionbi.com). Se dice, por ejemplo, que son infieles por naturaleza. Mentira. Los BI no necesitan un hombre y una mujer al mismo tiempo. Viven etapas con uno y con otro, como tú -heterosexual militante-, que hoy amas a Mary y mañana, a Pilar.w w wPatea con los dos pies. Esa es la frase que se usa cuando uno se refiere a un bisexual. Yo pateo con los dos pies, pero no soy BI. Al parecer, sigo siendo parte de una minoría sexual. Los estudios del maestro Alfred Kinsey refieren que la población parece ser, al menos, ligeramente bisexual. La mayoría tiene cierta atracción hacia ambos sexos, aunque se suele preferir uno de ellos. De acuerdo con Kinsey, entre un 5 y un 10 por ciento de hombres y mujeres en el mundo es completamente heterosexual, y entre un 5 y 10 por ciento, totalmente homosexual. Kinsey llegó a la conclusión de que el resto (entre un 80 y un 90 por ciento) de los hombres y mujeres era BI. Ser bisexual es tan complicado como ser de cualquier bando políticamente incorrecto. La bifobia a la que hago alusión líneas arriba y que -por cierto- es inofensiva (simplemente no me gusta, como no me gusta el chifa. Eso no significa que vaya quemando chifas) alcanza, en el mundo y en la comunidad gay, niveles de intolerancia tan deplorables como la homofobia. Algunos gays y lesbianas los atacan por no definirse. En Boston, en Nueva York y en San Francisco, la lucha entre homosexuales y BI es brutal. "Nos ven como gays sin coraje para admitirlo", cuenta Piero en un foro de Internet, tras afirmar que los bisexuales son exiliados sexuales dentro de las comunidades gays que, supuestamente, pregonan la igualdad y la tolerancia a lo que el cuerpo y el alma quieran. El Movimiento Homosexual de Lima (MHOL) es, en ese sentido, más abierto y acogedor. En su web se remarca que su lucha es por los derechos civiles y políticos de los y las personas lesbianas, gays, BISEXUALES, travestis y transgéneros. En plena invasión BI, el reto es ser honestamente lo que te dé la gana. Deja las poses BI.