
Pocas veces me he sentido tan mal como en estos últimos días. Tengo los ojos pesados, me duele el estómago, la cabeza me hace tun tun, las piernas me tiemblan. Quisiera estar durmiendo, pero no puedo dormir. En la clínica me informaron que era una gastitris fuerte. Pero yo creo que debe ser algo más, nada grave, pero algo odioso -seguro que comí- me tiene rejodida.
Este post no es para hablar de mis dolores sino de mi enfermera. Es tan buena la enfermera que podría prolongar esta agonía. Si sacamos la cuenta, desde que me enfermé -el lunes aproximadamente- no peleamos, monumental logro considerando que siempre peleamos una vez al día, peleamos por cualquier cosa, hasta la sonrisa de mi gata la fastidia.
El tema es que yo tengo a mi amante enfermera cerca y eso hace menos infeliz mi vida. Ella parece una ambulancia, capaz de llevarme a la clínica al primer "auuuuu...". Yo prefiero cerrar los ojos, acomodarme en su cuerpo y olvidarme de todo, incluyendo este blog, y mis otros dos blogs; olvidarme de mi iPhone, del diario, de mi casa transformada en caos desde que la señora Elsa consiguió una chamba a tiempo completo, de la huelga de los médicos. Quiero olvidarme de todo y dormir, porque me parece que estos dolores tienen que ver con mi insomnio negro.
Mi enfermera -insoportable, pero dulce al mismo tiempo- no me pierde de vista, aunque esté en el trabajo demasiadas horas para mi gusto, aunque va más estresada que de costumbre, aunque en el fondo está más histérica que hace un minuto.
Mi enfermera no me deja tomar café. No me permite unas Pringles. Mi enfermera no me hace el amor porque estoy -como dicen- "mírame y no me toques".
Mi enfermera no me hace renegar, hasta se complace al ver a Vodka -mi gata- abrazada a mí. De alguna manera, mi enfermera cree que Vodka le toma la posta cada vez que ella no está a mi lado. Así no agonizo sola.
He tenido casi el mismo número de enfermeras que de mujeres. Es decir, con todas casi me he enfermado. De esas enfermeras yo escogería a mi actual enfermera como la mejor. (Tampoco me queda otra, ja..ja... No, siendo sincera, esa es la purita verdad).
Mi primer amor fue una buena enfermera, pero casi no me enfermé en esos años. Bueno, tampoco mucha gente se enferma a los 19 años. Las dos estábamos jóvenes, fuertes y sin achaques.
Mi segundo amor fue la peor enfermera del mundo, y quizás la que menos me quiso, y también con la que más duré. Ella nunca creía en mis dolores. Siempre pensaba que yo estaba exagerando. Varias veces me tumbé en la cama a quejarme y quejarme sin siquiera lograr que apartara la vista de la tele, donde se disputaba un partido de fútbol, entre Botswana y Gambia. Quiero decir que ni siquiera jugaba Perú, pero ella ya ni me miraba, por lo que yo me borraba. Lo más grave que me ocurrió en su época fue la picadura de una araña venenosa. Al tercer día, cuando casi ya no podía caminar, ella tomó en serio mi angustia. Fuimos al doctor. El doctor dijo que necesitaba urgente un antídoto. En Lima, ya habían muerto unas cinco personas por la puta arañita. El asunto es que ella se convirtió en enfermera, una enfermera cumplidora, capaz de prepararte una sopita de pollo y pedirte al instante que bajes la voz, mejor no respires, porque ya empezó el fútbol. (Este segundo amor fue en verdad mi último amor, pero le pongo el #2 porque en ese orden llegó a mi corazón).
Mi tercer amor fue una gran enfermera, pero siempre llegaba yo para opacarla. Yo la cuidaba más de lo que ella me cuidaba a mí. Cuando me sacaron la muela, echada en la camilla con las piernas abiertas como dando a luz, ella me tomó de la mano, diciéndome fuerza y te amo, te amo, te amo, y no pongas esa cara de dolor porque a Vodka no le gustará verte así. Sin embargo, al llegar la madrugada mis aullidos no consiguieron moverle ni un pelito. Su sueño era sagrado y mi muela un estorbo.
Tuve un amor #4 que aunque siempre tuvo categoría de pareja, hace muy poco me dijo que prefería quedarse en el rango de amante breve. Como borró varios meses de nuestra historia, no sé si incluirla. Solo debo decir que fue una gran falsa pareja. Y digo falsa porque ella se resiste a la categoría de pareja, decisión que respeto con mucho dolor, pues efectivamente yo tenía otra pareja cuando ella lanzaba bombardas en el cielo para que me diera cuenta de todo lo que me amaba. (Fue una buena enfermera, sorry)
Y mi amor #5 es la que en este instante me llevará al médico, y más tarde a la cama, para abrazarme y decirme que nos haremos un chequeo general porque a los treinta una ya debe de cuidarse. Ella es mi enfermera favorita, la mejor que he tenido. Yo no he sido una gran enfermera con ella, pero prometo cambiar de actitud y dar lo que me gusta recibir.
Gracias mi amor.
PD: Acabo de regresar de la clínica. La foto de este post me la tomó ella cuando una enfermera de verdad me clavó la aguja. Estoy mejor. Parece que también tengo infección estomacal. He comido una wafer de piña y ya me ha gritado. Hemos peleado apenas daba signos de mejoría. Creo que debo retomar mi enfermedad.